domingo, 18 de septiembre de 2011

La abuela "profe"


Con la llegada del Otoño voy a quitarme un poco la pereza del verano, y con el nuevo curso que todos habéis comenzado intentaré relataros donde he trabajado hasta que me jubilé voluntariamente a los sesenta y dos años.

Cuando la abuela tenía diez años en el plan de estudios de ese momento se hacía un examen de ingreso a bachiller, a continuación cuatro años de bachillerato con reválida incluida de esos años (se llamaba bachiller elemental), y seguidamente dos años mas con su correspondiente reválida (bachiller superior). Después teníamos un curso que se llamaba preuniversitario, que era sencillamente el acceso a la Universidad. La abuela también lo cursó y en vez de seguir una carrera universitaria hice magisterio, pensado sinceramente que jamás me dedicaría a la enseñanza, incluso en una ocasión le llegue a comentar a mi madre que nunca lo haría, añadiéndole: "antes fregaré escaleras que dar clases". El abuelo que es cuatro años mayor que yo hizo estos mismos estudios, pero con un plan de estudios más antiguo, que constaba de un ingreso a los diez años y seguidamente siete cursos de bachiller, y al final una reválida que se llamaba exámen de Estado, que una vez aprobado te daba la posibilidad de hacer un exámen de ingreso en las Escuelas de Peritos Industriales que fué la carrera que cursó.

Cuando finalicé mis estudios, para que me dieran el titulo, tenía que irme a un campamento de verano para realizar una serie de actividades relacionadas principálmente con la educación física y algunas otras materias. Vuestra abuela, inconscientemente, pensando que nunca lo iba a necesitar, no quise hacerlo y por lo tanto tampoco me dieron el título de magisterio. Pasaron los años, me case con el abuelo, tuvimos nuestro primer hijo (vuestro padre Ignacio y Álvaro), me dedique a criarlo y tan feliz. Así fueron transcurriendo los años y aproximádamente cuando había cumplido los cuatro añcs mi niño, pensando además que ya no podía tener mas hijos (así nos lo dijo el médico), tuve la oportunidad de trabajar dando clase en un centro de enseñanza que entonces se llamaba Escuela de Maestría Industrial, en donde ya trabajaba el abuelo dando clase de Tecnologia de Electricidad y otras materias. Inmediátamente acepté la oferta, pero cuando fui a presentar la documentación que me exigían, lógicamente me faltaba lo principal, el titulo de mi carrera, Cuando fui a solicitarlo, me encuentro con mi pasado, y me dicen que me falta el requisito o justificante de haber realizado aquellas actividades que quedaron pendientes. Ante esta situación de inmediato decidí ir a realizar esas actividades que en su momento me negué a realizar, pero además en una situación con más inconvenientes, ya que tuve que trasladarme a Alicante en régimen de internado en un colegio menor durante un mes. Pero a los quince días surge un nuevo problema: detectaron que había chinches, es decir, unos bichicos muy pequeños pero imposible de poder convivir con ellos. Tuvieron los responsables de Sanidad que cerrar el Colegio por un tiempo hasta que con sucesivas fumigaciones pudieron eliminar esos "huéspedes" tan poco recomendables. Como faltaban otros quince días del curso los concluimos sin tener que pernoctar en las instalaciones del Castillo de dicha ciudad. Pero como el curso era en pleno verano, subir aquella cuesta por la mañana y por la tarde no era muy apetecible, pero eso sí, tuve la gran recompensa de poder llevarme a mi hijo (vuestro padre, Ignacio y Alvaro), junto con vuestra bisabuela Carmen a casa de una prima hermana de mi madre, que se llamaba la prima Encarna, y que estuvo feliz de ofrecernos la casa con todo su cariño.

Aquí se inicia una nueva etapa en la vida de vuestra abuela, al principio llena de miedos ante lo desconocido y sobre todo porque me preocupaba mucho el no hacerlo bien. Así fueron transcurriendo los años dando el abuelo y la abuela clases con plaza de interinos, y cuando menos lo esperábamos nos llegó la gran alegría de que venía al mundo mi segundo hijo, tu padre Paula. Y tres años después de nuevo esperaba mi tercer hijo, vuestro padre Pablo, Juan y Ana. No os podéis imaginar lo felices que nos sentíamos, pero lógicamente el trabajo se multiplicó y además coincidió justamente cuando se convocaron las primeras oposiciones a las que podía optar. Cuando estaban los tres dormidos, después de preparar las clases del día siguiente, me ponía a estudiar el temario de la oposición. Así todo un año, muchas madrugadas me quedaba dormida sobre los folios. Pero bueno, cuando algo se quiere conseguir es necesario ser tenaz y no decaer en el esfuerzo que te pueda suponer llevarlo a buen termino. Llegó el momento de la oposición; las pruebas las hice en Madrid, y os cuento un secreto, si no es por el abuelo (que ya las había aprobado en la misma ciudad el año anterior), a mitad de los exámenes habría abandonado. Estaba tan agotada que me parecía imposible poder aprobar. El abuelo no me dejó tirar la toalla y ¿sabéis qué?, pues que aprobé y además tuve la gran suerte de poder elegir a nuestro querido pueblo para trabajar.

Ha sido toda una vida dedicada a la enseñanza, repleta de momentos muy reconfortantes y algunos de sufrimiento. Antes os he comentado como pensaba la abuela cuando era jovencita, y como en mis planes jamás estaba el dar clases, sin embargo os puedo asegurar que desde el primer día de trabajo me he dedicado con entusiasmo e ilusión a mis alumnos, que he sido feliz en mi trabajo, que empecé a disfrutar de él cuando descubrí que no pasaba nada cuando algún alumno me preguntaba algo y no sabia la respuesta, se lo comentaba y al siguiente día se la daba. El descubrir mis limitaciones, asumirlas con naturalidad, supuso para la abuela un descanso tremendo. El día que tome la decisión de jubilarme, para mi fue un momento duro, porque realmente disfrutaba con lo que hacia; pero también quiero transmitiros que en ningún momento me he arrepentido de esa decisión, porque el "trabajo" al que me he dedicado desde entonces ha sido variado y muy importante.

domingo, 3 de julio de 2011

La Muchacha, mis nietos y el Cielo



No quiero dejar transcurrir ni un día más sin dejar plasmadas algunas de las vivencias que todos nosotros hemos vivido con la Muchacha.


Han pasado unos seis años desde que aparecieron los primeros síntomas de su enfermedad. Se inicio con un cambio brusco de su carácter. Recordaréis Ignacio y Álvaro, sobre todo por la edad, que en ocasiones los juguetes que os traíais a casa de los abuelo los escondía y no dejaba que los tocaseis. Había una serie de comportamientos inusuales en ella, todos consecuencia de su deterioro neurológico. Sucesivamente se produjeron grandes cambios en ella, en los cuales todos habéis participado, pero tengo que deciros que os habéis portado con ella de una forma admirable. En muchas ocasiones, cuando intentaba levantarse de su sillón, vosotros me ayudabais, porque a la vez que estabais viendo dibujos la vigilabais para que no se levantase de su sitio y evitar así algún porrazo. Siendo tú Alvaro muy pequeño, me llamaste muy apurado (yo estaba en la cocina) y al instante me gritaste: "no vengas abuela que he conseguido parar a la Muchacha". Son innumerables los detalles que me vienen a la memoria, pero lo que me gustaría que no olvidaseis nunca, es con el cariño, el respeto, la comprensión con la que la habéis tratado y como habéis vivido con total naturalidad el ocaso de una persona buena y servicial.

Necesito también dejar constancia, de como vosotras, Paula y Ana, me ayudabais a darle la merienda, a llevarla a la cama para cambiarla e incluso cuando estaba con un poco de caca, como os tapabais la boca con vuestra camiseta, pero no queríais saliros de la habitación para colaborar dándonos las toallitas o la crema y sobre todo acariciando su cara y diciéndole palabras tan cariñosas como: "cariño, no pasa nada, ya falta poco, te vas a quedar muy agusto". Gracias en nombre de ella a mis queridos seis nietos.


El ultimo día, cuando ya sabíamos que su corazón le estaba fallando, os trajo vuestra madre y tía Tere a darle un último beso, antes de irse al Cielo. Estabais todos, menos Ignacio y Álvaro por no residir aquí, y quiero comentar como al día siguiente me preguntasteis donde había dejado a la muchacha, y sencillamente os conteste con la verdad, que en el Cielo, incluso añadí: "¿os acordáis de las zapatillas que siempre llevaba?; pues hasta con ellas se la ha subido el Señor".

En estos primeros días de su ausencia todos la echamos de menos, pero como gracias a Dios os tenemos a vosotros nos hacéis sentirnos bien. Tú Ignacio definiste perféctamente con solo dos palabras el bien inmenso que nos regaláis sin pretenderlo, sois los "barrenderos de nuestras penas". Somos los abuelos mas privilegiados del mundo entero.

domingo, 8 de mayo de 2011

Las fiestas de la abuela


Ahora que han concluido las fiestas de mayo, voy a escribiros sobre ellas con los recuerdos que tengo de las distintas etapas de mi vida. Lo mas lejano que me viene a la memoria es que el día dos de mayo de todos los años nos levantábamos muy temprano. Me hacia mucha ilusión oír los cascabeles de los caballos, y nos salíamos a la terraza de la puerta de la calle para ver a dos caballos del vino que nunca faltaban a la cita de traerlos para que mi padre y toda la familia admirásemos su enjaezamiento, que por cierto, en absoluto se parecen en nada a los actuales; solamente se les ponía sobre el lomo la colcha mas lujosa que tenían en cada una de las casas de las familias que los vestían, y encima colocaban sus respectivas banderas, en mi recuerdo aparecen como los más bonitos del mundo. Los dueños de esos caballos eran amigos de mi padre y por eso tenían el detalle de traérselos, ya que era costumbre el exibirlos ante los amigos de los caballistas. Los dos a los que me refiero eran el caballo del "Faralá" y el de los "Rabietas". Mi madre siempre tenia preparada una bandeja de dulces acompañada de alguna bebida, que era lo habitual en aquella época.

A continuación nos íbamos a oír la Misa de Aparición y seguidamente nos trasladábamos al Castillo para presenciar el Baño del Vino y la bendición de las flores que previamente había adquirido la Cofradía junto con la bandeja de las Madres Carmelitas, que seguidamente se repartía a la gente.

A continuación nos poníamos en las almenas para, con la mayor de las emociones, esperar el momento tan ansiado de contemplar el espectáculo único de la carrera de los caballos del vino, ya que desde allí, como no había arboles en la cuesta, se podía observar perfectamente las carreras sin ningún peligro. La mayor parte del publico se situaba en la cuesta, abriendo paso al caballo cuando pasaba, igual que hacen ahora vuestros padres. El abuelo desde muy pequeño, con tan solo cuatro años, lo llevaba su padre, es decir, vuestro bisabuelo Pepe, sobre los hombros en medio de la cuesta.

Por aquel entonces, no se premiaban los enjaezamientos y si al caballo mas veloz con sus cuatro caballistas que llegaban hasta el final de la cuesta. A cada uno de los participantes se les obsequiaba con una arroba de vino de la Cruz. Poco a poco han ido evolucionando las fiestas hasta ser como lo son en la actualidad y vosotros ya conocéis.

Las atracciones de las que se podía disfrutar en esas fechas eran los columpios, a mi me gustaba mucho la Montaña Rusa, los Caballitos o el Tío Vivo, la Noria, las Barcas y poco mas, pues en nada se parece a las que montan en la actualidad. La Muchacha me llevaba normalmente y también íbamos a la Plaza del Ayuntamiento donde ponían unas casetas en donde podías adquirir juguetes y otras muchas cosas. Todo esto que os he relatado ocurría cuando vuestra abuela tenia unos cinco o seis años, en esa etapa de la vida cualquier hecho que sea distinto a la rutina lo vives de una forma mágica.


En otro momento de mi vida, y cuando ya habían nacido vuestros padres, por circunstancias de la vida, en la casa de los abuelos durante los días de fiesta nos reuníamos mucha gente. La noche de las migas, por ejemplo, nos juntábamos un numeroso grupo de amigos y conocidos. Detrás de nuestra casa hacíamos como mínimo migas para unas cincuenta personas. El día dos, preparábamos un gran desayuno para mucha gente, al mediodía hacíamos arroz para casi doscientas personas, pues bien, con todo ese trabajo los abuelos sacábamos tiempo para coger a vuestros padres y subir la mañana del día dos bailando y cantando detrás de algún caballo del vino.
En la etapa de mi vida que estoy en la actualidad lógicamente no puedo hacer nada de eso, pero lo que si es cierto es que me lo paso bien gozando de vuestra presencia sobre todo, y como además tenemos un sitio privilegiado, disfruto de otra manera. Me gustaría saber transmitiros que la ilusión por las cosas no tiene por que perderse por muchos años que cumplas, sino que se pueden vivir los acontecimientos de distinta forma y no por ello disfrutar menos.

jueves, 24 de marzo de 2011

Vuestros padres de niños


En esta ocasión os voy a relatar sin extenderme demasiado como eran vuestros padres de pequeños. El primero en nacer, como bien sabéis Ignacio y Alvaro, fue vuestro padre. Vino al mundo un Jueves Santo, un siete de Abril de hace años y aproximádamente a las cinco de la tarde en Valencia. La clínica se llamaba, ya no existe como tal, "la Cigüeña". Nació a los nueve meses de habernos casado el abuelo y la abuela. Le costó bastante trabajo nacer, yo estaba con una buena gripe, con fiebre alta y eso lo complicó todo un poquillo. Pero nada de eso tiene importancia, lo único que merece la pena recordar es cuando lo vi por primera vez, tenia la cabeza un poco "apepinada", cosa normal por otra parte, la piel morena, pesó solo dos kilos ochocientos gramos, y a nosotros nos pareció precioso. Estábamos en Valencia en casa de unos íntimos amigos, Doloretes y Ricardo, que nos hacían sentirnos como en la nuestra. La abuela tardó en recuperarse unos días y a final de mes, en la Iglesia de los Carmelitas de la calle Alboraya, mi hermano Pepe lo bautizó.

Al principio no sabia ni cogerlo, me daba miedo hacerle daño, me sentía observada cuando lo cambiaba, me ponía nerviosa. En aquella época vivíamos en una casa muy antigua, vieja e incomoda, y muy fría. No es fácil que podáis entender la odisea que tenia que hacer para una cosa tan simple como el bañarlo. El cuarto de baño estaba en el extremo opuesto de la casa, había que trasladar una estufa de butano deslizándola por un pavimento al que le faltaban losetas, por lo cual se añadía una dificultad mayor. Allí fue creciendo rodeado de mucho cariño, la abuela Carmen al vivir con nosotros lo colmaba de mimos, y se convirtió en el centro de todo.

Era un niño muy tranquilo, Ignacio tú me lo recuerdas mucho. Sabia entretenerse sin ningún tipo de problemas. Entonces no existían los juegos de ahora; pasaba grandes ratos con una arquitectura de plástico que se llamaba "Exin Castillos", y hacia cosas preciosas y difíciles. También se pasaba muchos ratos jugando con un fuerte de madera con indios y americanos. Así fue transcurriendo su infancia, sin hermanos con los que jugar en casa: a la abuela le habían dicho que ya no podía tener mas hijos. Yo tenia la obsesión de que estuviese rodeado de niños de su edad, por eso procuraba que compartiese sus juegos con sus primos del Camino del Huerto, los llamábamos así por vivir en ese paseo. Recuerdo perféctamente en invierno salir de nuestra casa con abrigo, guantes, "berdugo" (era un gorro que le hacia su abuela Carmen de ganchillo, como los que llevan los policías, donde solamente se le veían los ojos); llegábamos a casa de sus primos y nos los encontrábamos en camiseta, jugando en la calle, sudando, sin frío. Era un gran contraste, por otra parte lógico, ya que en nuestra casa se sufrían mucho las temperaturas bajas, y en el paseo donde vivían los primos los días de sol eran y siguen siendo muy agradables.

Cuando tenia cinco años, a la abuela se le presento la oportunidad de trabajar en la enseñanza, en el mismo Centro donde daba clases el abuelo. No dudé ni un instante en aprovechar esa oportunidad, sobre todo mi decisión era clara, lo hacia por el bien de ese hijo único que el Señor nos había regalado. Ya os contaré en otra ocasión lo que tuve que hacer y como organicé mi vida para poder trabajar. Pasaron tres años más, y ¿sabéis qué?, sencíllamente que nos ocurrió el gran milagro: cuando ya habíamos perdido toda esperanza de volver a ser padres, resulto que estaba de nuevo embarazada. Ni os imagináis la ilusión, la alegría, el gozo y el agradecimiento al Señor por ese grandísimo acontecimiento; todavía me emociono al recordarlo, se me saltan las lágrimas. Vuestro padre, Ignacio y Alvaro, todo lo que os diga es poco, nos había preguntado muchas veces por qué no podía tener hermanos, así que pensad como se puso de contento al enterarse que venía un hermano de camino.

Por fin nació un once de Marzo, tu padre Paula. Nació en Murcia en la clínica de Belén, era Lunes y también por la tarde, alrededor de las cinco. Igual que a su hermano, le costo un poco el venir a este mundo, aunque la verdad es que menos, lo mismo que la primera vez, cuando lo tuve en mis brazos me pareció lo más bonito del mundo. El pesó también fue parecido, tres kilos, la piel mucho más blanca, no se parecía en nada a su hermano mayor. Se bautizó en la Parroquia de la Concepción de nuestro pueblo, también administró ese sacramento mi hermano a finales de Marzo. Sus tres primeros meses, por las tardes y al anochecer pasábamos un ratico malo porque lloraba mucho, seguramente por lo que ahora llaman "cólicos del bebé", en ese tiempo sencíllamente cada cual daba su opinión, pero nadie en realidad sabía el motivo. Seguíamos viviendo en esa misma casa fría e incomoda que antes os he descrito un poco, hasta casi cuando cumplió los cuatro años. Al principio dormía a nuestro lado en una cuna metálica, pero después en una habitación que estaba al lado de la nuestra; pusimos otra cama al lado de la de su hermano, las mismas que cuando venís a casa de los abuelos a dormir tenemos. Rápidamente fue creciendo, en carácter era muy parecido a tí Paula. Con sólo dos años silbaba perféctamente, recuerdo en una ocasión llevarlo tomado dando un paseo, empezó a silbar y unos amigos que iban delante de nosotros volvieron la cabeza sorprendiéndose de que lo pudiese hacer tan estupendamente. Era muy cariñoso, sensible, algo travieso, nervioso, le encantaba jugar con su hermano y éste la verdad es que lo entretenía mucho, incluso pasaba muchos ratos metido con él en un "parque de madera" porque sólo no quería estar. Los balones eran su mayor ilusión. Por aquella época, muchos fines de semana nos trasladábamos a casa de mi hermano Paco a Cartagena. Vivía en una casa con jardín, donde disfrutaban a tope, se tiraban por un pequeño tobogán con sus primos, y lo cierto es que todos estaban pendientes de ellos.

Pasaron tres años y otra nueva alegría que recibimos con igual ilusión que las dos anteriores: íbamos a tener un nuevo hijo, vuestro padre, Pablo, Juan y Ana. Nació un diecisiete de Agosto, Miércoles. Estábamos en la playa, el día quince de agosto, que como sabéis es fiesta, nos fuimos a Murcia, la tita Chon, el abuelo y yo. Me tuvieron que provocar el parto, y en todo ese día que transcurrió se vinieron de la playa el tito Paco y el tito Pepe a la espera del gran acontecimiento. Ocurrió sobre las seis de la tarde, de peso aproximádamente como sus hermanos, piel morena e igualmente precioso. A los tres dias ya estábamos otra vez en la playa. Las primeras semanas lloraba sin consuelo todo el tiempo, ya no sabíamos como calmarlo. El pediatra nuestro veraneaba en una playa de Mazarron, sin pensarlo mucho, una tarde nos fuimos a buscarlo, por cierto que estaba en una fiesta con unos amigos, nos atendió y nos tranquilizó sobremanera porque lo que tenia era una pequeña hernia umbilical. Hicimos lo que nos dijo y poco a poco se fue tranquilizando. El bautizo fue en Aguilas, a finales de Agosto, en la Parroquia de San José, una tarde tormentosa. Teníamos la merienda organizada en la placeta de la playa, y tuvimos que hacerlo en casa del tito Manolo. Existe una foto muy graciosa de tu padre Paula, bailando ese dia con su habitual cara de pillo, sin darle vergüenza con una sobrina de la tita Carmen.

Cuando tenía cuatro meses, por fin nos trasladamos de casa. Ignacio se acuerda de ella un poco, ya que ahora no existe, aunque estaba un poco deteriorada a nosotros nos parecia un palacio. Tenia unas cualidades extraordinarias en cuanto a temperatura tanto en invierno como en verano, muchisimo mas cómoda y acogedora. Constaba con dos plantas y en la de abajo había un pasillo muy largo y ancho que no os podéis imaginar que ratos pasaban vuestros padres jugando al fútbol, al baloncesto (pusimos una canasta), con juguetes,... Había en el fondo de ese pasillo una habitación que la llamábamos, la habitación de los "jaleos" porque allí se almacenaba de todo, entre otras cosas juguetes.

Vuestro padre, Pablo, Juan y Ana, era en carácter muy parecido a su hermano mayor; tranquilo, se pasaba montones de ratos jugando con una señora estupenda que le ayudaba a la abuela: se llamaba Paca. Quería a vuestro padre con locura, cuando yo volvía de trabajar siempre me decía lo mismo: el niño ha sido buenísimo, era una santa mujer, llena de sufrimiento en su vida, pero aún sin haber tenido la oportunidad de ir ni un solo día al Cole, tenia más sabiduría y educación que muchas otras personas.

Cuando tenía en el Cole algún examen, le gustaba que yo le preguntara todo y hasta que no lo hacía no se quedaba tranquilo. ¡Ah!, se me olvidaba comentaros que los tres iban a clase de judo, los tres pertenecían a un grupo de bailes regionales, por cierto, los dos mayores en dos ocasiones fueron a concursos al extranjero, también tenían clase de Ingles. Como veis no había demasiado tiempo para aburrirse.

Así fueron creciendo, rodeados de todo los cuidados y cariño que las personas pueden transmitir y os lo aseguro, sin darnos cuenta, el tiempo ha pasado tan rápido que se nos hicieron mayores y padres de todos vosotros.


Conforme iba escribiendo me venían a la memoria montones de recuerdos que es imposible poder plasmar. Solamente quisiera que os quedaseis con el mensaje de que tenéis los mejores padres que puedan existir, sois unos verdaderos privilegiados, nunca lo olvidéis. Tampoco seria justo concluir sin deciros desde lo mas profundo de nuestro ser, que tambien son los mejores hijos que puedan existir.

viernes, 25 de febrero de 2011

Presentación de mis nietos a su bisabuela


Esta entrada va dirigida especialmente a mi madre, quizás os parezca extraño, pero os cuento la intención con la que lo hago: "hablarle" de cada uno de vosotros ya que no tuvo la suerte de poder conoceros.

Mira mamá, te fuiste tan pronto que ni siquiera conociste a mis tres hijos, solamente al mayor y por muy poco tiempo. Como sabes, (desde el Cielo estoy segura que nos cuidas) a los casi ocho años nació mi segundo hijo y a los tres de éste el tercero.

De tu nieto mayor, tienes dos bisnietos: Ignacio y Álvaro, ¿verdad que te gustan los nombres? mucho más te habrían gustado si los hubieses podido disfrutar.Son totalmente distintos físicamente y psiquicamente, pero dos encantos de criaturas. Voy a presentarte primero al mayor de todos mis nietos que es Ignacio: la próxima semana cumple doce años, está altísimo y te aseguro que no es pasión de abuela, es guapo de verdad. Pero lo más importante no es eso, sino las cualidades tan extraordinarias que el Señor le ha regalado y lo bueno que es desde que nació. Es trabajador y responsable, desde pequeño ha sido y lo es un niño tranquilo, creativo en sus juegos, muy inteligente, muy cariñoso y sociable.

Ahora le toca a mi Álvaro: tiene nueve años, es inquieto, nervioso, sabe disfrutar de todo de una manera muy particular y especial, siempre está feliz, es super rápido para todo, me recuerda al papá en las facultades tan extraordinarias que tiene para las matemáticas, resuelve las operaciones aritméticas estupendamente; también tiene buenas cualidades para el deporte. Ah¡ se me olvidaba, los besos se los tienes que "pillar" al vuelo, pero aún así es sensible.

Tu nieto segundo, por el momento, tiene una sola hija de cinco años. Se llama Paula, cuando nació era la primera nieta y a todos nos hizo mucha ilusión. En el físico se parece más a la familia de su madre, aunque en los gestos me recuerda mucho a su padre, en carácter también, lo tiene muy abierto y es muy sociable y cariñosa; es también muy inteligente y ha aprendido a leer en muy poco tiempo. Le encanta vestirse de princesa, es muy presumida y preciosa. Como mujer que es tiene el típico carácter dominante.

El tercero de mis hijos, tiene tres, dos niños y una niña. El mayor se llama Pablo. En Abril, el mismo día de mi cumpleaños, cumplirá seis años. Siempre ha sido un niño muy noble y bueno, también muy cariñoso y sensible, le afecta cualquier cosa mucho, pero con la inocencia de esos años, rápidamente olvida sus contrariedades. Su hermano se llama Juan, cumplió en Agosto cinco años. Es guapo, y no sabría decirte a quien se le parece. Por ser el segundo, trata de imitar en todo a su hermano, aunque tiene cualidades muy distintas y super buenas. La tercera es niña, se llama Ana, en Abril cumplirá cuatro años. Igual que su prima, también es muy mandona, cariñosa y entre las dos casi dominan a sus primos y hermanos. Se da cuenta de todo lo que sucede a su alrededor, físicamente se parece a su madre.


A todos les encanta venir a casa de los abuelos, para ellos es un premio. Se pelean y yo siempre trato de cumplir la máxima que tu hacías conmigo: cuando me vienen con el problema no les doy la razón a ninguno, sino que les digo que se perdonen, porque las dos partes algo habrán tenido de culpa, y "borrón y cuenta nueva". Dios quiera que a lo largo de sus vidas sean capaces de perdonarse como lo hacen ahora. Todos están deseando de estar juntos al poco de enfadarse.

No estoy segura de si publicar esta entrada. Sin saber porqué me apetecía "hablarte" de estos soles que el Señor nos ha regalado y que nos hacen sentirnos llenos de vida y dejarles por escrito lo muchísimo que están significando en nuestras vidas. Mamá, cada vez te comprendo más acerca de los sentimientos hacia tus nietos y de tantas otras cosas. Sabes que todos los días os tengo presentes a ti y al papá, que nunca he desconectado de vosotros y que os siento en lo más profundo de mi ser.

domingo, 30 de enero de 2011

La tita Maravillas

Ha llegado el momento de presentaros, sin poder profundizar como quisiera, quien ha sido mi hermana Maravillas. Si la tuviese que definir con dos palabras estas serían las de "generosidad y servicio".

Nació en el año mil novecientos dieciséis y era la segunda de mis nueve hermanos. Recordad que ya os comenté en otra entrada cosas de mi hermana mayor, la tita Chon. Desde siempre fué una persona muy nerviosa, de pequeña hasta que cumplió los ocho años se crió en el campo con mis abuelos paternos, pues allí se trasladaron mis padres para ayudarles en las tareas del campo; nos contaba que como no comía casi nada, la forma de alimentarla (entonces no existían las vitaminas de ahora) era a base de huevos crudos batidos con un poco de leche, a lo que le llamaban "ponche". Lógicamente a mi hermana esa mezcla le repugnaba y cuando veía que llegaba la hora de tomarse el "ponche" se ponía a correr sin parar, después la "pillaban" y rápidamente se acercaba el momento de volver a empezar el mismo proceso de conseguir que se se tomara aquella pócima. Gracias a ello pudo sobrevivir en aquellos tiempos por su tozudez de no alimentarse correctamente.

Durante toda su vida ha sido una persona muy inquieta intelectualmente, muy inteligente, con muchísimas iniciativas y proyectos, valiente, trabajadora, desprendida hasta lo máximo, buenísima hija, buenisima hermana y una gran profesional en su trabajo.

Estudió el bachiller y a continuación la carrera de Maestra. Hizo oposiciones y a los veintiún años ya estaba ejerciendo como profesora. Su primer destino fue en una pedanía que dista unos trece kilómetros de donde ella vivía y todos los días se iba a su trabajo en un autobús que hacía escala en esa pedanía, y que tenía que coger a las siete de la mañana. Ahora puede parecer ridículo que para un desplazamiento tan corto tuviese que madrugar tanto, pero es que para comprender muchas cosas nos tenemos que situar en esa época.

Quiero destacar en primer lugar su etapa como Maestra, y lo pongo en letras mayúsculas, porque desde el primer día ejerció con una dedicación total e ilusionante. Hasta su último curso antes de jubilarse, lo hizo con ganas y dando a sus alumnos lo mejor de si misma. Siempre tenía como cualidad el no estancarse, el innovar, el crear actividades nuevas, hasta el final de su vida tenía ansias de aprender. Como ejemplo, vuestros padres recordaran los famosos belenes que cada Navidad se inventaba, porque ningún año repetía. Recuerdo sus grandes belenes construidos con sacos de arpillera para simular las montañas, manchadas de yeso que ella amasaba para que pareciese nieve, con serrín para el desierto, con piedras de tosca autenticas para la cueva y algunos montes, con ríos donde circulaba el agua, con molinos cuyas aspas se movían, rematado con muchísimo mimo a la hora de colocar las figuras que representaban una verdadera catequesis. Os puedo asegurar que se le transformaba la cara cuando los montaba, porque los hacia con verdadero gusto e ilusión. Otros años en el colegio los hacia más reducidos, pero igualmente originales: ayudada por sus alumnos hizo uno donde las figuras eran de castañas y palillos, simulando a los extraterrestres, otro en una urna grande como si fuese el fondo del oceano, con caballitos de mar, pececillos (que ella confeccionaba con cintas entrelazadas), algas colgando, corales para el nacimiento,... eso si que era una demostración de su imaginación. También elaboro uno haciendo que algunas figuras fuesen gitanillos que resultó precioso. Así podría seguir enumerando muchos mas, pero ahora voy a tratar de que la conozcáis en otras facetas de su vida.

Toda su vida la dedicó al servicio de los demás. Ya os he comentado que desde muy joven estuvo trabajando, pues desde el primer sueldo que cobró y hasta el final de su vida, todo lo fue regalando paulatinamente, primero en ayudar a mis padres, después a sus distintos hermanos, el hecho es que hasta su ultima nómina la donó.

Su juventud transcurrió entre su trabajo y ayudar en todo lo que podía para sacar adelante la familia numerosa que eramos. De hecho, ella era la que llevaba magníficamente todo lo que se refería a las faenas del campo. Era muy inteligente, luchadora, con apariencia de ser una mujer muy dura en su trato, pero que sin embargo era todo corazón, y ayudó siempre, no sólo a su familia, sino a todas las personas que le solicitaban algo; se desvivía por prestarle toda su atención y apoyo. No tenía pereza para nada, por complicada que pudiese ser la situación era capaz de salir airosa, nunca alardeó de nada de lo que hacia, sino que actuaba con toda naturalidad, sencillez y humildad. Quizás podéis pensar que no soy del todo objetiva, puede ser, trato de todas formas de mostrarme imparcial, y os lo digo porque a las personas se les deben conocer por sus hechos, y yo os aseguro que su vida ha sido mucho más de lo que yo torpemente pueda transmitiros y pruebas hay de ello.

Otra de sus cualidades era la facilidad que tenia para realizar toda clase de manualidades, era incansable a la hora de desarrollar esa parcela. Hacia toda clase de trabajos: desde cuadros tridimensionales, flores con pan de molde, pececillos de cintas de distintos colores, (los vio en una exposición y logró saber como se hacían), figuras de escayola, repujados de cuero, marcos, pinturas, labores de todo tipo,... En la cocina no había otra como ella, vuestros padres se acuerdan. Especialidades suyas eran las empanadillas, las tortas de pimiento molido, los aperitivos, que por cierto, nunca repetía dos iguales sino que cada vez nos sorprendía con innovaciones y muchas cosa más.

Toda su vida la dedico a su familia, sin ser madre parecía que nos había "parido," no sólo a sus hermanos, sino a todos los sobrinos, y a los hijos de estos. Su obsesión era dar sin esperar nada a cambio, mejor dicho, una sola cosa quería a cambio: que toda su familia siempre permaneciese unida. Cada día comprendo más su deseo, porque es lo que también queremos para todos vosotros.

Era una persona muy independiente, por eso los últimos años de su vida sufría bastante al tener que dejarse ayudar en todo lo que hacía, pero aunque lo pasara muy mal, jamás se quejó y serenamente se dejaba hacer. Os lo aseguro, vuestra tita Maravillas era una gran mujer.

domingo, 23 de enero de 2011

Para mi nieto Ignacio


Cariño mio, son casi las doce de la noche, pero a pesar de ser un poco tarde quiero comentarte algunas cosas que a lo largo de todo el día me han venido a la mente pensando en ti. Mira, la otra noche fuiste a celebrar el cumpleaños de un amigo a un Restaurante Chino; como es lógico, con ilusión y según me has comentado lo pasaste muy bien, lo cual me alegra; pero hoy me he puesto un poco nostálgica y me han venido a la memoria una serie de recuerdos de cuando tu naciste. Lo cierto es que aunque a ti no te lo parezca, has crecido tan rápidamente que cada día que vienes a vernos nos pareces más hombre, y ahora es cuando la abuela ( siempre digo la abuela pero hablo en nombre de los dos abuelos) quisiera poder transmitirte todos esos pensamientos que me han revoloteado durante toda la jornada.

El tiempo es imparable y pasa tan rápido que por eso, entre otras cosas, debemos saber disfrutar de los momentos buenos que cada día se nos presenten. Estas entrando en la adolescencia, y es una nueva etapa muy hermosa, pero como ocurre con cada una de las distintas etapas de la vida, tenemos que cuidarla para que nada ni nadie nos la pueda estropear. Voy a tratar de explicarte lo que quiero decir: ya has pasado tu niñez y la has podido vivir rodeado de muchísimo amor por parte de todos los que te rodeamos, pero quisiera hacerte hincapié sobre todo en lo que representan tus padres, que desde el primer día que se enteraron que te habían concebido dejaron aparcadas todas sus prioridades, para en cuerpo y alma velar por ti de día y de noche, cada instante, y así ten la plena seguridad que por muchos años que pasen van a seguir viviendo y desvelándose por ti, y lógicamente por tu hermano, aunque ahora estoy "hablando" de ti.

Ignacio, cariño, en tu salida de la otra noche me dijiste que te habías recogido a las once y media, tu padre te estaba esperando, quizás estaría bastante cansado, pero estoy segura de que te aguardaba sin protestar. Tu al verlo, pienso que te sentirías más seguro de la vuelta a casa. Mira, vida mía, dale muchas gracias a Dios por tener unos padres como ellos, piensa siempre que en todas las etapas de tu vida siempre vas a poder contar con ellos, nunca te van a fallar y siempre te van a apoyar, y si alguna vez te contradicen en algo, como hasta ahora también lo han hecho, es pensando únicamente en tu bien y jamás por fastidiarte. El hacerte mayor no se contrapone con perder esa complicidad tan hermosa de amor mutuo que os tenéis, y no digamos con tu hermano que sabes perfectamente que te adora, aunque a veces tengáis esos pequeños roces, ya que tu eres su espejo.

El Señor te ha colmado de una serie de dones que tienes que cultivar como hasta ahora, saber administrarlos y desarrollarlos. Es una misión importante para ti y procura que nada ni nadie te los trate de arrebatar. Dedica esta hermosa etapa de tu adolescencia a realizar múltiples actividades que te van a llevar a sentirte bien contigo y con los demás, algo muy importante para ser feliz.

No quiero cansarte más, solamente quiero añadirte, mejor dicho, queremos decirte una vez más, que te queremos con locura, que la abuela como es de lágrima floja casi no ve la pantalla ya por las lágrimas, pero que estas no son de tristeza, ni mucho menos, sino de amor, que nunca cambies tu forma de ser y que por supuesto siempre estés abierto a corregir lo que creas que no está bien, igual que haces ahora. Todos los besos que pueden salir de nuestra boca para ti.

lunes, 17 de enero de 2011

Los abuelos deportistas

Nos apetece contaros nuestra experiencia y aventura de los abuelos haciendo "deporte". Sabéis que la abuela está un poco "loca" , y ahora que nadie nos oye, os digo un secreto: sin consultarle al abuelo, pues sabia su respuesta, hice la inscripción en la piscina y pagué el trimestre completo en octubre, y se lo comuniqué al abuelo tranquilamente de esta forma: el lunes comenzamos a ir a la piscina. La verdad es que como el abuelo es más que bueno, sin apetecerle nada, desde ese día estamos yendo tres veces cada semana.

Algunas veces os he comentado que no me doy cuenta de la edad que tengo, porque gracias a Dios sólo tengo algunas pequeñas limitaciones, pero siento ganas de hacer cosas, nunca me doy por vencida, y siempre recuerdo una frase de mi Eva que dice con frecuencia, y creo está en lo cierto, "la pereza mata". En esta vida no hay que dejar de hacer nada por pereza, pues no es una buena compañera.
De momento, en la piscina caminamos unos dos mil metros, y yo además dos días a la semana realizo dentro del agua ejercicios de tahichi con gente mucho más joven, pero me da igual, me lo paso muy bien, me río hasta de mi cuando no hago bien alguna cosa, me relaja y supongo que a los huesos desgastados de la abuela les vendrá bien. Además, después de hacer los "deberes" nos relajamos un poco metiéndonos en el Spa, es decir, que tenéis unos abuelos muy lanzados. Si nos viéseis con los gorros puestos, estamos superguapos como os podéis imaginar, pero en el sentido contrario, pero eso no es ni mucho menos importante, sino que lo que merece la pena es, como os repito tantas veces, tener ilusión por hacer cosas, y mientras Dios nos lo permita os aseguro que lo vamos a seguir haciendo.
Otra novedad para la abuela es que jamás, en mis setenta años, me había puesto pantalones ni chándal, y ahora me visto superdeportiva, pero bien cómoda que es lo importante. Con esta entrada que os escribo nos gustaría poder transmitiros que en esta vida no debemos dejar de hacer cosas por vergüenza, miedo al ridículo, pereza,... Vuestra bisabuela Juana me argumentaba con frecuencia, cuando yo me resistía a hacer algo por vergüenza, que solamente me tenía que sentir así cuando hiciese algo vergonzante, es decir, algo que no pudiese realizar en la plaza del pueblo a la vista de todo el mundo. En ocasiones se pierden oportunidades de hacer cosas pensando más en la gente que en nosotros mismos. Tened vuestra propia personalidad y siempre que se os presente la ocasión disfrutad el momento, por supuesto sin hacerle mal a nadie, pero aprovechad todas las ocasiones buenas que os lleguen.

jueves, 6 de enero de 2011

Dia de Reyes del año 2.011



Son las ocho de la tarde, os acabáis de ir todos e igual que a vosotros os ha hecho ilusión estrenar lo que os han echado los Reyes, pues a vuestra abuela también, estoy escribiendo en el ordenador portátil que nos han regalado al abuelo y a mí.
Esta mañana, a las ocho y media hemos recibido una llamada de nuestro nieto Alvaro que nos ha dado mucha alegría. Me ha contado como a las cuatro de la madrugada se ha despertado, ha llamado a sus padres y resulta que los Reyes ya les habían dejado los regalos. Yo le he comentado como sobre las cinco los abuelos nos hemos despertado con un sonido de cerrar una puerta, pero no nos hemos movido de la cama, que estábamos un poco impacientes, pero que hasta que no estuviesemos todos no pensábamos mirar nada. La mañana ha ido transcurriendo tranquilamente, preparando todos los detalles de la comida, para así poder estar libres cuando fuésemos a buscar los que nos hubiesen traído los Reyes Magos. Sobre el mediodía ha llegado el momento: los nervios de pequeños y mayores, las sorpresas, el agradecimiento de que hayan sido tan buenos con todos, y también una vez que hemos abierto lo que nos han dejado en casa de los abuelos, el recorrido por vuestras casas y la del tito Juan para comprobar si habían mas cosas.

Este día de Reyes ha vuelto a ser especial, como tantos otros. Me hubiera gustado poder parar un poco el tiempo porque como sabéis hemos vivido una jornada muy entrañable. Querría tener la magia de grabaros en vuestras mentes para siempre algo mucho más importante que los regalos que todos hemos recibido (que por cierto tenemos que reconocer que han sido muy generosos), y es el día tan estupendo que hemos disfrutado todos juntos. ¿Sabéis lo que los abuelos todos los días le piden al Niño Jesús?; sencillamente que siempre alimentéis el quereros como lo hacéis ahora, que siempre os perdonéis, que siempre os ayudéis en todo lo que podáis, en definitiva, que aunque pasen los años y seáis mayores y los abuelos no os puedan ya convocar, seáis vosotros los que procuréis buscar el momento de hacerlo y no perdáis nunca lo que en estos momentos de vuestras vidas sentís, las ganas que tenéis de estar juntos, lo bien que lo pasáis, lo que os queréis. Las ilusiones no tienen edad, os lo repito muchas veces, dependen únicamente de las ganas que le pongamos en cultivarlas, en cuidarlas, en mimarlas. No hay nada más importante, creerme, ya sabéis que la abuela nunca os engaña.
De este día tenéis un buen reportaje fotográfico, pues los tres papás han hecho de "paparachis". Habrán salido unas fotos preciosas, con unas caras de asombro inigualables y guapísimas. Todos en realidad las debemos de tener, me refiero claro a las caras de asombro, porque la verdad es que han sido demasiadas cosas.
Como los Reyes lo ven todo, les tengo que decir que en este ordenador que nos han traido se escribe muy agusto y con facilidad, que me está gustando mucho estrenarlo como estoy haciendo ahora, que han sido demasiado buenos, y que muchas gracias.
Una vez más no podemos terminar el día sin darle gracias a Dios por lo que hoy hemos podido vivir, por la familia que tenemos, por nuestras seis preciosidades de nietos que tanto cariño y vida nos dan, en definitiva por todo.