miércoles, 27 de febrero de 2013

Monjas Claras

  
Sería una gran injusticia y de ser poco agradecida por mi parte si no tratara de aproximaros a las monjas Claras que también son de clausura, y aunque con reglas distintas a otras monjas tienen la misma finalidad: orar sin descanso.
Cuando era pequeña, como sois vosotros en estos momentos, mi madre intentaba que me acercara a conocer la vida de San Francisco de Asís y de Santa Clara. Son éstas otras dos grandes figuras que pasaron por este mundo haciendo el bien , dejando sus vidas acomodadas para vivir en la más absoluta pobreza.
Mi madre nació precisamente en el barrio donde está el convento de las monjas Claras, quizás por eso les tenía un gran cariño y admiración. Después de unos años de casada se trasladó a la otra parte del pueblo, muy cerca del convento de los Padres Carmelitas, pero al ser una persona tan fiel a sus afectos siempre quiso tener presente en su corazón a estas religiosas y a sus Santos.
Nunca los abuelos han perdido la relación con estas santas mujeres, su teléfono les suena con frecuencia porque les llamamos para pedirles oraciones. Su contestación siempre es la misma: "gracias, nuestra misión es esa".
Viven en la más absoluta pobreza, en un edificio grande sin calefacción ni comodidades. Estas Navidades me comentaron que el dueño de una tienda de electrodomésticos les había regalado un brasero eléctrico y alrededor de él se calentaban un poco cuando tenían descanso. Me lo relataban como algo extraordinario y agradecidas de poder disfrutar de ese bienestar.
El once de agosto del año mil novecientos noventa y tres se celebraba el VIII centenario del nacimiento de Santa Clara. Con ese motivo las monjas quisieron hacer una fiesta especial. Entre los diversos actos religiosos programados pensaron sacar en profesión su imagen . En un principio el recorrido sería solamente por las calles de alrededor del convento, pero la realidad fue distinta, ya que sin saber exactamente quién dio la orden y por qué, el itinerario se alargo por todo el casco antiguo del pueblo. Quizás os estaréis preguntando, ¿y qué importancia tiene este hecho?; realmente ninguno si no fuera por la anécdota que os cuento a continuación. Estábamos en la playa y desde hacia tiempo las monjas le habían pedido el favor a tu padre, Ignacio y Álvaro, y al tuyo, Paula, para que ese día viniesen a llevar en andas a Santa Clara.  Inicialmente no había dificultad alguna, ellas habían preparado a un pequeño grupo de jóvenes para ayudar, pero lo que realmente ocurrió es que nada más salir la imagen del convento los jóvenes desaparecieron y solamente se quedaron vuestros padres, el tito Juan y otro amigo. Ni os podéis imaginar el gran esfuerzo  que tuvieron que hacer. Era mucho el peso que tenían que llevar, el itinerario muy largo y las calles por las que pasaron tenían mucha pendiente, además sin nadie que los pudiesen relevar. Lo pasaron muy mal.
Fijaros si han pasado años y a ellas no se les olvida jamás este favor, siempre les salen palabras de agradecimiento y lo que es más importante, siempre rezan por todos nosotros.
Vuestra bisabuela Carmen (sabéis que es la madre del abuelo) tenia una tía suya que se llamaba Juana que era monja clarisa en este convento.
Como curiosidad os quiero comentar que existe una costumbre antigua de llevarles huevos de regalo para que se evite la lluvia en ciertos momentos importantes, como puede ser el día de una boda.
Me gustaría alguna  vez poder llevaros a todos para que os conozcan, siempre me preguntan por vosotros y por vuestros padres. Para ellas seria un acontecimiento vuestra visita.

domingo, 24 de febrero de 2013

Carmelitas Descalzas

 
Con esta entrada me gustaría poder acercaros  a estas mujeres que muchas personas, por total desconocimiento, las consideran un poco o un mucho "chifladas"; sin embargo, quienes así piensan se equivocan, como en tantas ocasiones que juzgamos sin saber.
Desde mi infancia siempre he tenido la suerte de estar en contacto muy estrecho con estas religiosas, que para mi eran como de nuestra familia. El convento que habitaban había sido fundado en tiempos de Santa Teresa de Jesús y de San Juan de la Cruz (cuando seáis mayores procurad interesaros por estos dos grandes personajes de la historia, y quedareis asonbrados de sus escritos).

No os he comentado que son monjas de clausura, es decir, que no salen a la calle salvo en casos excepcionales, como por ejemplo cuando se ponen enfermas. Seguro que os estaréis preguntando que pueden hacer encerradas todo el tiempo, como es que no se aburren, de que viven,... La respuesta a todos los interrogantes es muy simple: su misión principal y a la que dedican la mayor parte de su tiempo es a orar por todos sin descanso. La abuela en cientos de ocasiones les he pedido sus oraciones por distintos motivos; os puedo asegurar que el poder de la oración es inmenso y te sientes fuerte ante problemas que van surgiendo a lo largo de la vida.

En tiempos en los que la abuela  estaba estudiando en Murcia,  si las monjas se ponían enfermas y necesitaban que les realizasen pruebas, como aquí no había hospital ni sitios para poder atenderlas, se desplazaban a Murcia y se hospedaban en nuestra casa. Por este motivo, he tenido la grandísima suerte de convivir durante días con muchas de ellas. El medico que las atendía era un gran profesional y una gran persona. Quiero que os suene su nombre: Don Manuel Salmerón. Algún día os hablaré de él.

En una ocasión, a una monja que se llamaba Carmen Teresa, por cierto guapísima e inteligentísima, por mi ignorancia le comenté: "en el convento debe resultar muy fácil el ser buena". Ella me miro fijamente y con mucha dulzura me contestó: "no sabes lo que dices, tu no conoces el sufrimiento que te puede ocasionar la convivencia". Yo le insistí: "pues si hay alguna monja con la que no estas a gusto lo que tienes que hacer es no acercarse a ella". Me volvió a corregir: "es todo lo contrario, cuando tenemos la recreación (significa que después de la comida tienen una media hora para poder hablar) procuro siempre ponerme al lado de la que más distante pueda estar". Cuando han pasado los años la he entendido y además, leyendo la vida de Santa Teresa, de San Juan de la Cruz, y de Santa Teresita del Niño Jesús, lo he comprendido aun mejor. Cuando al cabo de unos cuantos años esta monja murió, a vuestro padre que tenía ocho años de edad, Ignacio y Álvaro, lo lleve a su entierro. Ella estaba al otro lado de la reja, toda cubierta de flores y su cara resplandecía de paz. Es la primera vez que mi hijo vio a una persona muerta, y creo que no guarda ningún mal recuerdo de esa experiencia. Estuvo delante de una persona santa.

Vuestro padre, Ignacio y Alvaro, el tuyo Paula y el vuestro, Pablo, Juan, Ana y Marta, en varias ocasiones tuvieron oportunidad de entrar dentro del convento. Dentro de sus reglas o normas está una que dice que cuando se les tiene que entregar algo de peso que no quepa por su tamaño por el torno (es como una ventana que tiene una plataforma giratoria dividida en tres partes por la que se le introducían necesidades de poco tamaño) pueden transportarlo los hombres al interior del convento, pero nunca las mujeres,  al ser ellas mismas mujeres y por tanto capaces de realizar cualquier trabajo físico que pudiera hacer una mujer. Pues bien, vuestros padres en ocasiones les han llevado alimentos en cajas de más de veinte kilos; entonces les habrían la puerta, salía a recibirlos la madre superiora junto a otra monja con la cara tapada que tocaba una campanilla para avisar al resto de monjas de que había gente extraña dentro del convento. Siempre los guiaban por un itinerario hasta la cocina, y la salida lo hacían por otro y así podían ver más cosas de su interior. En la actualidad ya no se tapan la cara. Vuestros padres siempre estaban dispuestos a entrar en el convento, y no sólo por ayudar, sino porque decían que allí dentro se experimentaba una sensación de paz y felicidad como en ningún otro sitio. Allí la presencia de Dios se multiplicaba.

Quiero destacaros que las monjas son muy austeras y viven de lo que les entrega la gente, pero siempre sin ningún lujo. Vuestros padres muchas veces me contaban cuando entraban al convento que solo veían en la despensa alguna caja de patatas, huevos y verduras de su huerto. Por esta razón, en algunas ocasiones especiales, con motivo de alguna festividad religiosa, les enviábamos alguna comida especial; les decíamos que hicieran un "extraordinario" porque si se les entregaba dinero lo dedicaban a artículos de primera necesidad. Ellas nos han pagado con creces estos detalles cuando han pedido en oración por cualquier circunstancia que les hemos solicitado.

A la entrada del convento, justo al lado del torno, había un mosaico con la siguiente frase: "una  de dos, o no hablar o hablar de Dios, que en la casa de Teresa esta ciencia se profesa".
Ignacio, tu bautizo se llevó a cabo en la Iglesia de las Carmelitas y después de estar bautizado te llevaron tus padres para que te vieran más cerca; ellas estaban detrás de una reja. También la Primera Comunión de tu padre, Paula, y del vuestro, Pablo, Juan, Ana y Marta se realizó allí. Existen fotos que recuerdan estos momentos.

Hace unos años, en un viaje que hicimos con los carmelitas visitamos Toledo. Fuimos al convento  de las madres carmelitas y la sensación que sentí al cruzar el umbral de la puerta fue como si entrara a mi casa. Recuerdo que así se lo transmití a ellas, fue una sensación hermosísima. Eso mismo me ocurre siempre que he tenido ocasión de visitar otros conventos.
No quiero terminar sin antes recordar a otra carmelita muy especial: se llamaba Madre Consuelo y os puedo asegurar que era una santa mujer. En la historia del carmelo existen innumerables carmelitas de una valía extraordinaria y de una santidad mucho mayor.


domingo, 17 de febrero de 2013

La huella que queremos legar


Recibí el otro día un correo en el que me adjuntaban la foto que abre esta entrada. Podéis observar que la foto no tiene nada de extraordinaria, pero si el pensamiento que lleva consigo.
Meditando en torno a ello nos hemos dado cuenta de la gran responsabilidad que podemos llegar a tener, y sobre todo, nos ha hecho reflexionar sobre cual seria la huella que nos gustaría imprimir en todos vosotros. Voy a tratar de transmitiros una vez más lo que sentimos, aunque como siempre, me enfrento a la dificultad de saber expresarlo con claridad.

En todos estos años de convivencia hemos tenido ocasión de hacer innumerables "practicas" en algo que consideramos importantísimo los abuelos: "borrón y cuenta nueva". Todos conocéis perfectamente su significado, y también  habéis tenido  la oportunidad de sentir lo a gusto que os quedáis cuando después de pequeñas rencillas os perdonáis de corazón y continuáis jugando sin acordaros para nada de lo anterior. Este legado,  si a lo largo de vuestras vidas lo seguís  practicando, y tratáis de perdonaros siempre os dará paz. Mirad, el guardar rencor es de cobardes, solamente sirve para hacernos daño a nosotros mismos. Sin embargo, el tener un corazón misericordioso es de ser verdaderamente valientes y generosos. Nunca lo olvidéis. A todos vosotros os dejamos este hermoso encargo, si alguno se despista, recordárselo siempre.

Son tantas cosas las que os queremos transmitir que quizás es posible que en cada una de las entradas de este blog encontréis respuesta. Así entenderéis cual es la huella que os hemos intentado transmitir y lo que realmente, según vuestros abuelos, es importante y merece la pena luchar por conseguir.  Jamas dejéis de ser agradecidos por todo lo que tenéis, a veces no le damos casi importancia. Siempre que nos reunimos sabéis que rezamos en acción de gracias a Dios, no lo olvidéis.
Recordar durante toda vuestra vida que en el corazón de los abuelos no cabe mas cariño hacia todos y que siempre hemos intentado que en esta casa os sintáis felices. Siendo sinceros, creemos que viendo vuestras caras en muchas ocasiones lo habéis sido. Todos los días los abuelos rezan y tienen agradecimiento por vuestro cariño y la felicidad que nos regaláis. 

sábado, 9 de febrero de 2013

Historia de Hugo

  
Casualmente la otra mañana tuve la suerte de escuchar una historia real preciosa de la vida de Hugo. Me ha emocionado y voy a compartirla con todos vosotros.
Hugo es un niño africano, que con tan solo unos cinco meses, sus padres deciden enviarlo a España, puesto que su situación de hambre era extrema. Antes de partir le cuelgan en su pequeño cuello un cordón del que pende una bolsita pequeña de tierra, por dos motivos: uno para que nunca se olvide de sus raíces, otro con la esperanza de que algún día le sirviese de identificación. La madre se hace con un colgante igual.
Al llegar al Sur de nuestra península Ibérica la guardia civil intercepta  la patera y la persona que se había hecho cargo de Hugo en el peligroso traslado por mar consigue huir; el niño se lo llevan las autoridades de inmigración y aquí es donde aparece la madre Maricruz. Es una monja de la orden de las misioneras del Santísimo Sacramento que lleva tiempo ayudando en esa labor humanitaria que necesitan los inmigrantes que no tienen nada. Lucha hasta la saciedad para que a ese niño no lo repatriaran, su argumento principal es que un niño de meses no sabe de leyes. Por su tenacidad consigue hacerse cargo del pequeño.
Hugo va creciendo rodeado de amor y totalmente integrado con sus compañeros de colegio (estas monjas tienen colegio y se dedican a la infancia misionera, acaba de celebrarse precisamente el día que la Iglesia se la dedica a ello). Cuando Hugo tiene ocho años, la madre Maricruz recibe una llamada de la oficina de inmigración. ¡Sospresa¡; en ella se encuentran los padres de Hugo. La monja instantáneamente pregunta como pueden estar seguros de que se trata de sus padres; la respuesta es clara, lleva su madre su particular carnét de identidad, su bolsita de tierra colgada a su cuello.Ya os podéis imaginad el reencuentro de esos padres con su pequeño Hugo.
A la madre Maricruz le quedaba poco tiempo en este mundo. Un ataque al corazón fulminante hace que se traslade a un lugar mas seguro: el Cielo.
He podido escuchar el testimonio de sus padres, me han emocionado, solamente les salían palabras de gratitud hacia, como ellos la llaman, su madre Maricruz.
La bolsa que Hugo llevaba colgada con la tierra de su país, a sus nueve años se la ha quitado  y mezclado con la de su amigo español. Se siente totalmente integrado e identificado con su nueva tierra. ¿A que es una hermosa historia?. Existen gracias a Dios muchos hombres y mujeres haciendo el bien sin hacer ruido.