lunes, 17 de enero de 2011

Los abuelos deportistas

Nos apetece contaros nuestra experiencia y aventura de los abuelos haciendo "deporte". Sabéis que la abuela está un poco "loca" , y ahora que nadie nos oye, os digo un secreto: sin consultarle al abuelo, pues sabia su respuesta, hice la inscripción en la piscina y pagué el trimestre completo en octubre, y se lo comuniqué al abuelo tranquilamente de esta forma: el lunes comenzamos a ir a la piscina. La verdad es que como el abuelo es más que bueno, sin apetecerle nada, desde ese día estamos yendo tres veces cada semana.

Algunas veces os he comentado que no me doy cuenta de la edad que tengo, porque gracias a Dios sólo tengo algunas pequeñas limitaciones, pero siento ganas de hacer cosas, nunca me doy por vencida, y siempre recuerdo una frase de mi Eva que dice con frecuencia, y creo está en lo cierto, "la pereza mata". En esta vida no hay que dejar de hacer nada por pereza, pues no es una buena compañera.
De momento, en la piscina caminamos unos dos mil metros, y yo además dos días a la semana realizo dentro del agua ejercicios de tahichi con gente mucho más joven, pero me da igual, me lo paso muy bien, me río hasta de mi cuando no hago bien alguna cosa, me relaja y supongo que a los huesos desgastados de la abuela les vendrá bien. Además, después de hacer los "deberes" nos relajamos un poco metiéndonos en el Spa, es decir, que tenéis unos abuelos muy lanzados. Si nos viéseis con los gorros puestos, estamos superguapos como os podéis imaginar, pero en el sentido contrario, pero eso no es ni mucho menos importante, sino que lo que merece la pena es, como os repito tantas veces, tener ilusión por hacer cosas, y mientras Dios nos lo permita os aseguro que lo vamos a seguir haciendo.
Otra novedad para la abuela es que jamás, en mis setenta años, me había puesto pantalones ni chándal, y ahora me visto superdeportiva, pero bien cómoda que es lo importante. Con esta entrada que os escribo nos gustaría poder transmitiros que en esta vida no debemos dejar de hacer cosas por vergüenza, miedo al ridículo, pereza,... Vuestra bisabuela Juana me argumentaba con frecuencia, cuando yo me resistía a hacer algo por vergüenza, que solamente me tenía que sentir así cuando hiciese algo vergonzante, es decir, algo que no pudiese realizar en la plaza del pueblo a la vista de todo el mundo. En ocasiones se pierden oportunidades de hacer cosas pensando más en la gente que en nosotros mismos. Tened vuestra propia personalidad y siempre que se os presente la ocasión disfrutad el momento, por supuesto sin hacerle mal a nadie, pero aprovechad todas las ocasiones buenas que os lleguen.

jueves, 6 de enero de 2011

Dia de Reyes del año 2.011



Son las ocho de la tarde, os acabáis de ir todos e igual que a vosotros os ha hecho ilusión estrenar lo que os han echado los Reyes, pues a vuestra abuela también, estoy escribiendo en el ordenador portátil que nos han regalado al abuelo y a mí.
Esta mañana, a las ocho y media hemos recibido una llamada de nuestro nieto Alvaro que nos ha dado mucha alegría. Me ha contado como a las cuatro de la madrugada se ha despertado, ha llamado a sus padres y resulta que los Reyes ya les habían dejado los regalos. Yo le he comentado como sobre las cinco los abuelos nos hemos despertado con un sonido de cerrar una puerta, pero no nos hemos movido de la cama, que estábamos un poco impacientes, pero que hasta que no estuviesemos todos no pensábamos mirar nada. La mañana ha ido transcurriendo tranquilamente, preparando todos los detalles de la comida, para así poder estar libres cuando fuésemos a buscar los que nos hubiesen traído los Reyes Magos. Sobre el mediodía ha llegado el momento: los nervios de pequeños y mayores, las sorpresas, el agradecimiento de que hayan sido tan buenos con todos, y también una vez que hemos abierto lo que nos han dejado en casa de los abuelos, el recorrido por vuestras casas y la del tito Juan para comprobar si habían mas cosas.

Este día de Reyes ha vuelto a ser especial, como tantos otros. Me hubiera gustado poder parar un poco el tiempo porque como sabéis hemos vivido una jornada muy entrañable. Querría tener la magia de grabaros en vuestras mentes para siempre algo mucho más importante que los regalos que todos hemos recibido (que por cierto tenemos que reconocer que han sido muy generosos), y es el día tan estupendo que hemos disfrutado todos juntos. ¿Sabéis lo que los abuelos todos los días le piden al Niño Jesús?; sencillamente que siempre alimentéis el quereros como lo hacéis ahora, que siempre os perdonéis, que siempre os ayudéis en todo lo que podáis, en definitiva, que aunque pasen los años y seáis mayores y los abuelos no os puedan ya convocar, seáis vosotros los que procuréis buscar el momento de hacerlo y no perdáis nunca lo que en estos momentos de vuestras vidas sentís, las ganas que tenéis de estar juntos, lo bien que lo pasáis, lo que os queréis. Las ilusiones no tienen edad, os lo repito muchas veces, dependen únicamente de las ganas que le pongamos en cultivarlas, en cuidarlas, en mimarlas. No hay nada más importante, creerme, ya sabéis que la abuela nunca os engaña.
De este día tenéis un buen reportaje fotográfico, pues los tres papás han hecho de "paparachis". Habrán salido unas fotos preciosas, con unas caras de asombro inigualables y guapísimas. Todos en realidad las debemos de tener, me refiero claro a las caras de asombro, porque la verdad es que han sido demasiadas cosas.
Como los Reyes lo ven todo, les tengo que decir que en este ordenador que nos han traido se escribe muy agusto y con facilidad, que me está gustando mucho estrenarlo como estoy haciendo ahora, que han sido demasiado buenos, y que muchas gracias.
Una vez más no podemos terminar el día sin darle gracias a Dios por lo que hoy hemos podido vivir, por la familia que tenemos, por nuestras seis preciosidades de nietos que tanto cariño y vida nos dan, en definitiva por todo.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Los Reyes Magos


Estamos muy cerca del gran día de los Reyes Magos. Desde siempre ha sido una de mis fiestas preferidas, mejor dicho, mi fiesta preferida, y os voy a desvelar un secreto, actualmente, con los setenta años que tengo, sigue siéndolo.

Cuando era muy pequeña, quizás con unos cuatro años, como la abuela vivía en la "casa de la carretera" los Reyes entraban a mi pueblo pasando por la puerta de mi casa. Salíamos todos a verlos pasar y en una ocasión, para mi sorpresa, se fijó en mí el Rey Baltasar, me extendió los brazos, me levantaron y de repente estaba subida en su caballo y hablando con él. ¿Os imaginais la gran ilusión que me hizo?. Sabía todo acerca de mí, le prometí que me iba a portar mejor y lo besé con verdadero entusiasmo. En otras ocasiones, mi madre me levantaba a media noche para que viese el polvo que a su paso levantaban los caballos que iban al trote (entonces la carretera no estaba asfaltada), porque han de ir rápido para poder llegar a todos los hogares.

En otra ocasión, siendo ya mayor, estábamos en el comedor alrededor de la mesa de camilla y mi madre en esos momentos solamente tenía dos nietos, uno aproximadamente de cuatro años y su hermana de un añico, que estaba también allí. De repente empezaron a dar golpes en el balcón, que daba al "patio de los autos" (se llamaba así porque a través de él se accedía a las cocheras), nos quedamos atónitos, mi madre que era una mujer supervaliente se levantó de su asiento y tranquílamente abrió el balcón y ¿sabéis quien había?, nada más y nada menos que el Rey Baltasar. Estaba subido a una escalera y los pajes estaban en el patio con bengalas de todos los colores, entonces llamó al nieto mayor y le fue entregando todos los regalos. Todavía tengo en mi mente esas imágenes irrepetibles, esos momentos de gozo y como vuestra bisabuela Juana, junto con todos los demás, disfrutábamos y nos emocionábamos de verdad.
No os creáis que solamente en esa ocasión he podido ver a los Reyes, sino que en varias ocasiones más se hicieron visibles, igual que ahora lo hacen. La casa de vuestra bisabuela, os lo he comentado muchas veces, estaba siempre repleta de nietos, como hacéis vosotros con los abuelos. Siempre esa noche era mágica, estábamos todos espectantes y de repente sonaba el timbre tres veces seguidas, se veían las bengalas a través de los cristales esmerilados de la cancela y aparecían todos los regalos. Vuestros padres y sus primos son testigos de lo que os relato. También recuerdo como todos los años, por la chimenea en la que pasaban los tubos de la estufa de leña, caían cada año montones de picardías que siempre echaban los Pajes.

Me gustaría poder transmitiros aquella ilusión que en ocasiones se van perdiendo porque no somos capaces de cultivarlas con el amor que merecen, y que no importa la edad que se pueda tener para seguir vibrando ante pequeños o grandes acontecimientos con la misma intensidad, aunque de diferente forma; todo reside en que estemos convencidos de lo que hacemos y de las ganas que le pongamos en su realización. En estos momentos de vuestras vidas seguramente no me entendéis, pero cuando seáis mayores y leáis estas lineas de vuestra abuela entenderéis su significado. A veces buscamos la felicidad donde no está y posiblemente está muy cerca, en las pequeñas cosas. Cada vez tengo mas claro lo que me hace sentir mejor: cuando os veo la cara de felicidad jugando todos los primos, sin pelearos, el que os guste estar en casa de los abuelos, el haceros cosas que os agradan, el estar a vuestro lado recibiendo todo el cariño que nos transmitís, eso sencillamente nos hace sentirnos felices.

En estas fechas cercanas a la Festividad de Los Reyes Magos de Oriente, en la que si Dios quiere, como en años anteriores nos harán la correspondiente visita para traernos los regalos que en cada una de nuestras cartas les hemos pedido, ya ha empezado el "gusanillo" interior que nos mueve a la celebración de la Epifanía, y que nos ha de mantener ansiosos con todo el nerviosismo que trae consigo.

El primer paso que siempre lleva consigo este acontecimiento tan importante ya está listo, pues hemos preparado los dulces y el licor café preceptivos para que se "conviden" tanto Reyes como Pajes mientras hacen un descanso (las dos cosas les gustan mucho y algo hay que hacerles para agradecerles sus atenciones).

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Navidad



En esta ocasión, con motivo de las fechas que se aproximan, voy a relataros como eran las Navidades de vuestros abuelos, o más bien como nosotros las vivíamos.
Todo el mes de Diciembre estaba lleno de actividades. El día de la Purísima normalmente se hacía la matanza. Ya en una entrada anterior os relate en que consistía. A continuación, se elaboraban los duces de Navidad, pero en todo su proceso y teniendo en cuenta hasta el más mínimo detalle. Se comenzaba partiendo la almendra, seguidamente se escaldaba y pelaba, y dependiendo del dulce a que estuviese destinada, se tostaba o no, para finalmente tanto la cruda como la tostada molerla manualmente en una pequeña máquina, que posteriormente se "cribaba", o lo que es lo mismo, se pasaba a través del "garvillo" para que no pasase ningún trocito de mayor tamaño y así quedara totalmente molida. Este trabajoso proceso no era para un kilo, sino para muchos.

Una vez preparados todos los componentes era el turno de la manteca. En casi todos los dulces navideños de esta tierra, una parte importante de los ingredientes es la manteca de cerdo; para utilizarla se tenia que batir manualmente hasta quedar cremosa, partiendo para ello de una manteca helada y como consecuencia muy dura, y esto llevaba consigo un trabajo largo y costoso por el esfuerzo que había que hacer. A vuestra abuela, desde muy pequeña, le gustaba meter las manos en las distintas masas ayudando en lo que me dejaban, igual que os pasa a vosotros cuando hacéis los rollos.
La variedad de dulces que hacíamos era grandísima: mantecados de almendra, polvorones con y sin chocolate, pasteles de pasta flora, mazapán relleno de yema, empanadillas de hojaldre rellenas de cabello de ángel, rollos, suspiros, cordiales, pastel de almendra, toñas, picardías y cuando ya estaban todos elaborados, para finalizar hacíamos el alfajor.
Me hubiese gustado haber podido grabar como hacíamos el alfajor, dónde lo preparabamos, qué utensilios utilizabamos y cúal era su proceso completo. Mirad, lo primero que se hacía era amasar el pan de alfajor, se hacían unos rollos largos de masa y al horno. Cuando yo era pequeña, en la casa de la carretera donde vivía, de esa casa ya os hable, había un horno de leña y algunas cosas se cocían en el, pero la gran mayoría había que llevarlas en unas grandes bandejas de hojalata a un horno de hacer pan, que por cierto no estaba nada cerca, con lo que podemos añadir una dificultad mayor. Voy a seguir describiendo el proceso del alfajor: esos rollos de pan, una vez cocidos, se molían en una maquina grande, también se "garvillaba", y a continuación se preparaban el resto de ingredientes. En una gran caldera de cobre se echaba la miel; previamente se había pesado esa caldera con una romana (balanza), para que cuando se echara la miel conocer lo que había que desquitar por la "tara", es decir, el peso del recipiente. La caldera se colocaba en el fuego de la lumbre, sobre unas trévedes, es decir, sobre un soporte de hierro con tres patas, para que por debajo se pudiesen meter la leña. La miel comenzaba a hervir pronto y a "coger el punto", o lo que es lo mismo, estar seguros de cuando se le podía agregar el resto de ingredientes. Costaba mucho esfuerzo físico, porque cuando a esa miel se le iban añadiendo todos los productos con los que se hace la masa, la mezcla se iba endureciendo y con un utensilio de madera que llamábamos "remo" (esa era exactamente su forma), se iba mezclandolo todo e inmediatamente antes de que se enfriara toda esa masa, íbamos poniendola en las obleas, como ya habéis podido ver vosotros, pues a mucha menor escala y con todo tipo de comodidades, sabéis que todos los años lo hacemos en la casa de la abuela, y tengo que reconocer que el especialista es el tito Juan.

Mientras se realizaba todo este tipo de actividades culinarias, la tita Maravillas, que era mi hermana mayor y la segunda de mis diez hermanos, organizaba un Belén precioso con todo tipo de detalles, había ríos, fuentes, molinos, nieve en las montañas, arbustos, y algo que le daba un olor especial, el musgo que recogía en el nacimiento del agua en las Fuentes del Marqués; al recordarlo aun me parece estar oliéndolo. A mí me gustaba mucho como nos explicaba los distintos motivos que tienen que formar parte de un Belén: la aparición del Ángel a los pastores anunciándoles el nacimiento de Jesús, el palacio de Herodes, los soldados matando a los niños pequeños, los pastores con sus rebaños de ovejas, las granjas con los cerditos, gallinas etc., la Virgen y San José pidiendo posada, el Nacimiento, la huida a Egipto, el anciano Simeón, los Reyes Magos, e infinidad de detalles que sólo a ella se le podían ocurrir. Tenía un don especial para sorprender cada año, pues una característica suya es que siempre los hacía distintos. Era realmente una artista, con un gusto e imaginación extraordinaria, ya os hablare otro día de ella pues se lo merece y es de justicia.

Mi madre nos decía que todos los preparativos que se hacían antes de la Navidad era porque celebrábamos el gran acontecimiento de los cristianos, nada mas ni nada menos que el NACIMIENTO DEL NIÑO JESÚS. Estábamos deseando que llegase el día veinticuatro de diciembre o la Nochebuena, para cantar villancicos con mi padre tocando la guitarra, estar juntos alrededor de la estufa de leña, y a las doce irnos a la Misa del Gallo. Esa noche nadie salia con amigos, era noche de estar junto a la familia, de que mi madre sacase al Niño Jesús, el mismo que vosotros conocéis, y como ahora hacemos también adorarlo dándole un beso en los pies.

domingo, 17 de octubre de 2010

El tito Pepe

Ya en una entrada anterior os relaté los nombres de todos mis hermanos; mi hermano Pepe era el que hacia el quinto. Nació en mil novecientos veintitrés, un diecinueve de Julio. Desde siempre, mi madre nos contaba de la gran bondad que emanaba por todos los poros de su piel. Nunca tuvo dudas de cual era su vocación: ser Carmelita Descalzo.
Me va a resultar casi imposible expresar por escrito mis sentimientos, los que guardo en lo mas profundo de mi ser sobre su figura. Con mis limitaciones voy a intentarlo para que podáis conocer un poco de como era en realidad, aunque no es nada sencillo, pero tengo la necesidad de hacerlo.

Cuando yo nací el ya estaba en el noviciado, por lo tanto mis primeros recuerdos van unidos a verlo vestido de fraile carmelita y además a no poder disfrutar de su presencia nada mas que en vacaciones, y estas no demasiado largas.

Con vuestra abuela siempre mantuvo una relación muy especial, quizás por los años que nos llevábamos, porque yo era la menor y le gustaba mucho jugar conmigo y a mi con él, porque tenia mucha paciencia y porque sobre todo nos quería con locura. También es posible que como mi padre se fué al cielo teniendo yo sólo trece años, para mi representaba como mi segundo padre. Comentaba muchas veces que el sacrificio mayor que le suponía llevar una vida conventual no era lo que tenia que hacer, sino la separación de su familia. Desde siempre, cuando se tenia que marchar después de unas vacaciones, al despedirse, lo hacia con los ojos llenos de lágrimas. Es algo a lo que nunca se llego a acostumbrar.

Voy a intentar a grandes rasgos que lo conozcáis un poco. De toda su vida de religioso podríamos destacar que todas las misiones que sus superiores le encomendaron las llevo a buen fin, pero ¿sabéis por qué?, porque en todas ellas ponía todo su corazón y amor. Quizás esta sea su cualidad mas reseñable, que estaba lleno de naturalidad, de sencillez, pero sobre todo de amor en todo lo que hacia.
Su vida la podemos dividir en dos etapas fundamentales, pues aunque estuviese en otros lugares e hiciese otros apostolados, que en su biografía aparecen, me quiero centrar en su estancia de veintitrés años en Ibiza y la de sus dos últimos años en su pueblo.

A Ibiza llego en la decada de los sesenta. Era un convento que a penas tenía vida. Desde el primer momento su dedicación lo condujo hacia los mas alejados de la Iglesia, como podían ser los pescadores, gitanos, drogadictos, etc.
Quiero relatar especialmente su relación con los pescadores. Cuando llego a la isla y estos veían a un sacerdote o religioso, tenían la superstición de no salir a pescar, porque para ellos podía suponer un aviso de mala suerte. Hasta ese punto llegaba el alejamiento de los pescadores con todo lo que significara o tuviese un matiz religioso. Pues bien, el tito Pepe, con muchísima paciencia, con muchísimo cariño, interesándose por sus vidas, por sus trabajos tan sumamente duros y siempre poco valorados, por sus familias, por sus inquietudes,...consiguió ganarse su confianza, y poco a poco el amor que él les manifestaba, iba sintiéndolo también en su persona.
Un día les propuso irse a pescar con ellos, y la realidad es que no les hacia mucha gracia, pero quizás por vergüenza o por compromiso, consintieron en llevárselo. El tito Pepe desde el primer momento no se subió a la barca como un mero espectador, sino que les ayudaba en todas las faenas como uno de ellos. A veces lo pasaba muy mal porque se mareaba, pero eso no le impedía el seguir adelante, y que llegasen todos aquellos hombres de mar a considerarlo como uno más de la tripulación. Tenían la plena seguridad de que en la figura del Padre José, que era como lo llamaban, tenían un verdadero padre, amigo; en definitiva una persona dispuesta siempre a darles todo lo que estuviese en sus manos.

No solamente consiguió que lo consideraran como de la familia los pescadores de Ibiza, sino que igual lo hacian los de Valencia, Santa Pola, gallegos, que a veces hacían escala en ese puerto.

Una anécdota que recuerdo, precisamente de un joven pescador gallego, es que éste se puso enfermo, se enteró el tito Pepe y por supuesto, sin conocerlo de nada, se lo llevo al convento, los compañeros siguieron su ruta de pesca, y él les prometió que lo cuidaría hasta que volviesen como a un hijo. Así lo hizo, lo tuvieron que operar de apendicitis y en todo momento, contaba después este joven, se sintió tan querido como en su propia casa. Tardaron los compañeros en recogerlo casi tres meses, pero hubiese sido igual que hubiera sido más tiempo.
Todos los pescadores que eran de fuera sabían que podían ir al convento a lo que quisiesen. El siempre les tenia preparado algo de carne, y aunque el tito Pepe no estuviese presente llegaban, se duchaban, cocinaban, comían, lo dejaban todo ordenado, le llevaban pescado, y en algunas ocasiones sin haberle llegado a ver dejaban algún pequeño rastro, como una copa en la mesa, para que él supiera quienes habían estado allí.
Cuando se venía de vacaciones procuraba hacerlo con ellos en sus barcas, muchas veces la travesía no era demasiado agradable porque no siempre el mar estaba tranquilo, sino todo lo contrario e incluso en alguna ocasión paso miedo; sin embargo jamas les demostraba su malestar, sino que procuraba hacer la vida de ellos, comiendo igual, aunque después tuviese que vomitar procurando que no lo viesen, para que no se sintiesen mal.

Les ayudaba en todo lo que podía, a ellos y a sus familias. Cuando se caso nuestro hermano Manolo, se trajo a un pescador, Antonio, que estaba enfermo, lo había acompañado a Valencia para que lo viesen, pero no conseguían averiguar exactamente cual era su enfermedad. En Murcia había un medico, muy amigo de nuestra familia, era el que había tratado a mi padre, que estaba considerado como uno de los mejores internistas. El tito Pepe le pidió que lo reconociese, y después de una serie de pruebas le diagnosticó que tenia una apendicitis llena de infección, pero muy complicada de ver, que tenia que operarse de inmediato.
El día de la boda este pescador, que todavía vive y es una excelente persona, con un carácter tímido, sin palabras, un gran hombre corpulento en su aspecto físico, que toda la vida había estado en la mar, sin conocernos, pero con el gran respaldo de quien él decía era su "padre" estuvo en la mesa de los novios, presidiéndola como uno más de la familia. Luego se lo llevo otra vez a Valencia, donde fue operado satisfactóriamente. Así solía actuar, y no creáis que él iba contando todo lo que hacía, sino que nos enterábamos por los protagonistas de sus actos. Fijaros hasta que punto se identificaba con ellos, que en su DNI figuraba como profesión la de "pescador" porque se sentía como ellos, y porque su misión principal en la vida fué la de ser pescador de hombres para la fé.

Otra parcela importante de su apostolado en la isla fueron los gitanos. Supo trabajar con ellos y para ellos. De tal manera se preocupaba por sus problemas que vivía sus carencias y sufrimientos con todo su corazón. Al tito Pepe le gustaban mucho los niños, en una ocasión un gitanillo de solo siete años le diagnosticaron un tumor en la cabeza. Mirad si lo querría el niño, que todos los días tenia que ir a darle la comida al hospital, donde estaba ingresado, y así era como únicamente quería comer.

Una vez sucedió que unos gitanos que él conocía fueron a comprar a una carnicería, llevaban una gran capaza de palma y dentro una olla grande. Hicieron un gran pedido: un lomo de cerdo entero, panceta, morcillas, chorizos, salchichón, y muchas cosas más hasta llenar la olla. Al ir a pagar se dan cuenta que no llevaban suficiente dinero, y entonces le comentan al tendero que si tiene inconveniente en guardar la olla donde no le estorbase mientras iban a por el dinero. El carnicero, con no muy buenas ganas accede, les dice donde tienen que poner el recipiente, y les advierte que vuelvan pronto antes de cerrar. Sacan la olla de la capaza, con gran esfuerzo, porque la habían llenado a tope. Le dan las gracias y se marchan. Llegó la hora de terminar la jornada, y el carnicero se da cuenta que no habían vuelto los gitanos por la olla. Con disgusto piensa que si no lo saca todo, se podría echar a perder la mercancía, se lo comenta a su mujer y acuerdan en meter la olla en la cámara frigorífica hasta que volviesen a por ella. Pero cual fue su sorpresa que cuando la cogieron de las asas no pesaba nada, la destapan y con asombro se dan cuenta que ese recipiente no tenia fondo, y que por lo tanto la mercancía se la habían llevado en la capaza y los habían engañado. De inmediato muy disgustado se fue a buscar al tito Pepe al convento. Cuando se lo cuenta, y además le dice que los va a denunciar, el tito Pepe se sonríe y le contesta: "tu siempre has presumido de que a ti nadie te podía engañar, porque eras el mas listo, y mira por donde unos pobres infelices lo han hecho, y ahora dime lo que importa la cuenta que yo te la pagaré, por lo tanto no los puedes denunciar". El carnicero todo rabioso le contestó que a él no le podía cobrar, a lo que el tito Pepe le respondió: entonces queda saldada la deuda. Después, lógicamente, fue a ver a los gitanos y les comentó que eso no se podía hacer, que cuando necesitasen algo se lo pidiesen a el.

Hubo un tiempo, al principio del movimiento hipi en Ibiza, que algunos al verlo vestido de fraile se metían con el, lo insultaban, sobre todo cuando habían consumido droga. Pues bien, sin conocerlo el tito Pepe, cuando sabían que iba a salir a la calle, se ponían de acuerdo, y sin ser vistos, lo vigilaban para protegerlo. Con esto quiero que os deis cuenta de hasta que punto lo querían los pescadores.

Una persona también muy importante en su vida allí fue un contratista de obras y albañil, al que quería con todo su corazón, y era igualmente correspondido por toda su familia. Este hombre bueno le ayudó muchísimo en la restauración del convento y de la Iglesia. Los abuelos todavía nos relacionamos con ellos y con otra mucha gente que nos tratan con verdadero cariño en recuerdo de quien tanto hizo por todos, sin distinción de clases sociales.

La última etapa de su vida, dos años y medio aproximádamente, los paso aquí , en su pueblo natal, aunque la verdad era que su corazón estaba dividido entre lo que se dejaba en la isla, y lo que tenia aquí. En ese pequeño espacio de tiempo su entrega y servicio fue igualmente completo. Su labor pastoral lo llevo a servir en el movimiento de Cursillos de Cristiandad y también en la Hospitalidad de Lourdes. No os podéis imaginad con que entusiasmo trabajó, con que entrega, sin descanso. Gracias a él muchos hombres y mujeres conocieron a Jesús en esa época y también descubrieron su gran misericordia. Yo tuve la suerte de hacer el Cursillo en ese tiempo y os puedo asegurar que en mi vida hay un antes y un después.

Igualmente doy siempre gracias a Dios por haber ido dos años a Lourdes con el, en lo que entonces se llamaba el tren de la esperanza, y quizás de las experiencias mas hermosas vividas fueron aquellos dos años, y no precisamente porque el tren fuese confortable, pues era todo lo contrario, sino por la serie de vivencias que tuve la suerte de experimentar. Jamas me he reido tanto, ni jamas me he emocionado tanto.

El tito Pepe se fue al cielo, un veinte de diciembre de mil novecientos ochenta y seis. Era Sábado, esa mañana había concelebrado la Misa de las ocho y media en la monjas carmelitas, tuve la suerte de estar presente. Después vino a casa de los abuelos a por el coche que entonces teníamos que era un Renault cinco amarillo. Tenia que ir a Santa Pola a casar precisamente a la hija de un pescador que se llamaba Frasqui. Lo esperaban a comer, la boda era por la tarde, pero no tenia pensado quedarse a la celebración porque esa noche había clausura de Cursillos en Murcia, y como siempre quería estar en ella. Pero unos diez kilómetros antes de su destino tuvo un accidente, y se fue a gozar para toda la eternidad de la presencia del Señor. Cuando lo recuerdo se me llenan los ojos de lágrimas, pero también quiero que sepáis una cosa muy importante, y es que mi conexión con él nunca se ha roto, que le rezo, le hablo, y sé que me escucha y que siempre vela por todos nosotros, por vosotros también; tened la plena seguridad, y ya sabéis que la abuela no miente.

Quizás no haya sabido expresarme todo lo bien que me hubiese gustado, pero por lo menos habéis podido conocer un poco a un ser muy especial en la vida de vuestros abuelos y de vuestros padres y de muchos más de la familia, y de otros hombres y mujeres a los que les ha dejado una profunda huella.