domingo, 9 de marzo de 2014

Cumpleaños de Ignacio


No quiero pasar por alto el hermoso cumpleaños de Ignacio, porque nada más ni nada menos que el pasado seis de marzo cumpliste quince años. Va tan rápido el tiempo que parece que fue ayer cuando con toda la ilusión del mundo nos fuimos a conocerte. Estábamos impacientes por ver tu preciosa cara; recuerdo que en la víspera de que nacieras, tus tíos Juan Fran y Eladio, a las diez de la noche se fueron a Murcia porque pensaban que ya estabas en este mundo. Se llevaron la sorpresa de que no era así, y que tus padres estaban en la clínica, pero durmiendo tranquilamente. Esta anécdota te puede reflejar las ganas que todos teníamos de contemplarte.
Mira cariño, la ilusión de hace quince años no creas que ha decaído, en absoluto, ha sido todo lo contrario, pienso que ha ido creciendo porque nos encanta estar contigo y vemos como vas haciéndote mayor casi sin darnos cuenta. Hoy has traído un amigo Ingles que está pasando unos días en tu casa. En junio irás tú a la suya.  Me ha gustado mucho ver como hablabas con él, lo haces perfectamente, con total soltura.  Incluso he sentido un poco de "envidia"  al reconocer, una vez más, mi gran laguna en el conocimiento del idioma ingles.  Pero me he alegrado mucho por ti, guapo. 

sábado, 1 de marzo de 2014

Juego de las tinieblas

El fin de semana pasado los abuelos lo estábamos esperando con impaciencia e ilusión desde que conocimos que Ignacio y  Álvaro iban a  pasarlo con nosotros porque sus padres estarían de viaje. Por fin llegó y la verdad es que se ha esfumado rápidamente.
Me gusta escribir sobre estos encuentros para que cuando seáis mayores podáis recordarlos y que como mínimo os consigan una sonrisa.
Creo sinceramente que ha sido intenso, como siempre, en cuanto a actividades se refiere. El tiempo lo habéis aprovechado muy bien, no ha habido cabida para el aburrimiento.
Como novedad es la primer vez que Ignacio, Álvaro, Pablo y Juan se han ido solos al Polideportivo. Significa que os estáis haciendo mayores. Por un lado me dio alegría, pero si soy sincera por otro me da nostalgia. Pero bueno eso es lo natural y está bien.
La segunda novedad ha sido la aparición de un nuevo juego, la que da nombre a esta entrada. Vosotros no sabíais que se llamaba con el nombre de "juego de las tinieblas", pero lo cierto es que creo que os ha servido de diversión y que habéis disfrutado mucho. Lo más importante es que no ha habido "peleas"  y habéis tenido tiempo de hacer deberes, de estudiar exámenes y de realizar  distintos juegos. Os confieso un secreto, cuando estoy con todos vosotros parece que me quitáis años de encima, no me canso de estar atenta hasta en el más mínimo detalle para que estéis contentos y felices de estar todos juntos. Bueno, todos en esta ocasión no, Paula junto con sus padres se fueron a pasar el fin de semana a Granada, nada menos que a esquiar, y también se lo han pasado estupendamente. Siempre tengo que terminar dando las gracias a Dios por permitirnos vivir tantos momentos inolvidables. Ya estamos pensando en cuando os dejarán vuestros padres otra vez para que nuevamente podamos disfrutaros lo máximo.

domingo, 9 de febrero de 2014

Reyes 2014.


Ya ha transcurrido más de un mes desde que aconteció este hermoso día y aunque sea brevemente, quiero dejar plasmado una vez más las sensaciones vividas, para que cuando seáis mayores podáis recordarlas con agrado.
Mirad, en todos los acontecimientos de nuestra vida, si nos lo proponemos, siempre podremos sacar algo positivo, incluso en situaciones de sufrimiento. Preparar un día de Reyes lleva su complicación porque son muchas las cartas que se tienen que redactar y no siempre se tienen las ideas claras. Es cierto que lleva su trabajo, pero si nos fijamos en la ilusión de todos en esa hermosa mañana creo que merece la pena. Os he comentado en ocasiones que para ayudar a crear una ilusión lo menos importante es la edad. Los abuelos ya somos bien mayores y sin embargo cuando bajamos la escalera para ver que regalos vamos a encontrarnos dejados por los Reyes, os lo puedo asegurar, parece que somos dos chavales.
La impaciencia por llegar a casa de los titos, vuestro nerviosismo, vuestros rostros llenos de alegría, todo ello te hace darte cuenta de que ha merecido la pena el trabajo que acarrea. No  olvidaros nunca que todo esfuerzo siempre tiene su compensación.

domingo, 2 de febrero de 2014

Mi número 8


No quiero dejar transcurrir el tiempo sin dedicarte esta entrada a ti, Álvaro. Sabes que eres nuestro número ocho favorito. Ayer, por vez primera, hiciste el debut como jugador en el pueblo de tu padre. No sabes con la ilusión que todos esperábamos ese momento. Había preparado la comida con antelación para que todo estuviese a punto y no perderme, mejor dicho, que los abuelos no nos perdiéramos  ni siquiera el calentamiento. Así lo hicimos; todos estábamos allí, tíos, primos, hasta Marta estuvo animando  a nuestro jugador preferido. Me habría gustado que tu equipo hubiese ganado, pero el resultado es lo de menos. Lo más importante es que pudimos ver como disfrutas jugando y  por supuesto nosotros también lo hicimos acompañándote. A menudo digo lo mismo, pero no me voy a cansar de repetirlo:  siempre damos gracias a Dios por estos pequeños momentos y otros muchos que nos hacéis sentirnos agradecidos por todo lo que nos dais.
La abuela aprovechó la ocasión para celebrar el cumpleaños del abuelo que como sabéis es el próximo día ocho. Apagó sus setenta y ochos años con toda la ilusión al verse rodeado de todos vosotros.
Lo peor de ayer, que tu estabas enfermo y tu madre  también. De hecho os fuisteis pronto porque la fiebre apareció en los dos. Ya en el partido estabas mal, pero como buen profesional aguantaste como un valiente.

domingo, 26 de enero de 2014

Viaje de novios de los abuelos


Hace tiempo que no hago ninguna entrada. Yo creo que me he vuelto un poco perezosa, pero tengo pendiente la segunda parte de la boda de los abuelos, es decir, su viaje de novios.
La primera noche de casados nos fuimos a dormir a Murcia, a la mañana siguiente teníamos previsto salir para Granada. El abuelo disponía de un gran coche, un Seat 600, para realizar el largo itinerario que con toda ilusión habíamos planeado. En los días anteriores a la salida lo había llevado a un taller a que lo revisaran con minuciosidad para que estuviese perfecto todo el trayecto.
Si tenéis curiosidad por conocer el modelo de coche que era, meteros en Internet y os quedaréis asombrados de lo amplio y cómodo que era para viajar cuatro personas, a lo que había que sumar sus respectivos equipajes. Por supuesto, el aire acondicionado era absolutamente ecológico: la ventanilla abierta
Nuestra gran aventura comenzó a media mañana del día veinticinco de junio. La guasa empezó en la cafetería en la que desayunamos. Nada más entrar en el recinto, estaba allí un intimo amigo que la tarde anterior había asistido a nuestra boda y al vernos aparecer, con bastante humor, se puso a gritar: ¡Vivan los novios¡; todos nos dieron un aplauso y nosotros sin saber que decir.
Por fin nos montamos en nuestro flamante coche y rumbo a Granada. A los pocos kilómetros notamos que  se calentaba el motor y mirando vimos que salía humo del mismo. Paramos en una gasolinera donde compramos unas botellas de agua, y el abuelo y el tito Juan le echaban agua fría al radiador, y después de un rato cuando se enfrió el motor a continuar el viaje. En aquella época no había autovías, eran carreteras con tramos incluso sin asfaltar, con una serie de curvas que ni las podéis imaginar. También tenían cuestas muy pronunciadas, y todo ello con nuestro "Ferrari", y encima calentándose cada muy pocos kilómetros. Teníamos que atravesar un tramo que era famoso por sus curvas, y a la vez por las grandes pendientes de sus cuestas. Recuerdo que iba un gitano en su burro, nosotros parando y él adelantándonos. Era el trayecto de mayor dificultad, conocido como el Puerto de la Mora. ¿Sabéis a la hora que llegamos a Granada?; nada más que a las doce de la noche. Imaginad el calor que pasaríamos y lo cansados que llegamos. Al día siguiente repararon la avería y tan contentos.
Desde esta preciosa ciudad tomamos rumbo hacia Córdoba. Por cierto, esperando entrar a visitar la Mezquita sentados en el patio de los Naranjos, a unos metros de mi pude ver a mi doble, no creáis que exagero, todavía la recuerdo perfectamente; después me arrepentí de no dirigirme a ella. Siguiente etapa: Sevilla. En ese recorrido se nos pinchó el coche nada menos que tres veces. Por supuesto que nos quedamos sin rueda de repuesto, y gracias a un coche que paro y trasladó al tito Juan a un taller donde se las arreglaron  pudimos continuar nuestra aventura.
A continuación nos trasladamos a Madrid para continuar ruta hacia Valencia con el objetivo de viajar a Ibiza. Por fin nos trasladamos a esta hermosa isla. El viaje lo hicimos en barco, por supuesto acompañados de nuestro seiscientos, que a partir de Sevilla no dio ya ningún problema. En el puerto nos estaba esperando mi hermano Pepe, ya sabéis, el carmelita. Nos llevo a un hotel en San Antonio. Estaba situado a orilla de la playa. El dueño era un íntimo amigo suyo y no os podéis imaginar como nos trataron de bien y  como aprovechamos esos días de relax después de todas las peripecias que os he relatado. Estuvimos quince días que siempre los recordamos como inolvidables.
Hicimos diversas excursiones, entre ellas a la isla Conejera, a un lugar llamado la Torreta. Era un lugar precioso y completamente virgen, lo que le confería mucho más encanto. Allí nos esperaban un grupo de pescadores, y en una de sus barcas nos trasladó uno de los miembros de la familia de pescadores. Era un gran hombre, fuerte, de pocas palabras y un corazón inmenso. Nos obsequiaron con los mejores pescados elaborados por ellos y así pudimos disfrutar de una hermosa jornada. Al regreso, ya en alta mar, y pasando por un trecho de muchas corrientes marinas de repente el motor se paró. No había ninguna posibilidad de arreglarlo, tampoco medio alguno de comunicación para poder pedir auxilio. Aquel gran hombre y excelente pescador, que por cierto quiero que sepáis que se llamaba Antonio, sacó dos remos enormes de la bodega y de inmediato los colocó y se puso a remar. Todavía tenemos la imagen de como sudaba, del esfuerzo tan enorme que tenía que hacer, de como nos tranquilizaba para que no tuviésemos miedo. Tardamos en llegar al puerto más de tres horas. La tita Carmen se mareó, el pobre Antonio sufría de verla. El tito Pepe me dio una manzana, recuerdo que nos aconsejaba que miráramos a lo lejos y la mordiese a trocitos muy pequeños. Era lógico, puesto que no había más alimento. Así resistimos y por fin pisamos tierra. Toda nuestra estancia en la isla fue maravillosa y solamente nos puede brotar de nuestro corazón sentimientos de agradecimiento hacia todas las personas que tuvimos la suerte de conocer, y sobre todo al tito Pepe que fue el artífice de todos los acontecimientos que pudimos sentir y vivir.
El regreso a la península lo hicimos a Barcelona. Los abuelos en avión, los titos en barco.