domingo, 21 de marzo de 2010

Lobito, Macero, Bombita, Lucero



Os parecerá extraño el titulo que le he puesto a esta nueva entrada, pero es que hoy los protagonistas van a ser ellos, los caballos, cuyos nombres son los que aparecen en la denominación de este relato, ya que se merecen tener una mención especial en los recuerdos de vuestra abuela.

Mi abuelo Pepe, es decir, el padre de mi madre y por lo tanto vuestro tatarabuelo, tenía caballos, porque su profesión era llevar el correo a distintos sitios de la comarca y fuera de ella. Os estoy hablando ,igual que en la anterior historia, de final del siglo diecinueve y de principios del veinte. Para realizar esta misión, dependiendo de donde tenía que ir, una veces lo hacía en coche de caballos y otras de jinete sobre alguno de ellos. Puede pareceros extraño, pero era el más moderno y rápido medio de transporte. Ese trabajo lo hacía tanto mi abuelo, como sus hijos. Uno se llamaba Pepe, el otro Ginés, y además tenía una tercera hija que era mi madre, es decir, vuestra bisabuela que se llamaba Juana.

Cuando yo era pequeña, también me encantaban las historias que me contaba mi madre, porque no tuve la suerte de conocer a ninguno de mis abuelos. Cuando nos hablaba de caballos se le iluminaba la cara, lo hacia con entusiasmo, te narraba los hechos tan estupendamente que parecía que lo estabas viendo. De los muchos caballos que llegaron a tener, los que he puesto en el titulo, son los que protagonizaban las historias más increíbles que yo recuerdo. Comentaban mi madre y mis tíos, que eran unos caballos tan inteligentes, que solamente les faltaba hablar. Cualquier orden que recibían la entendían a la primera. Eran animales dóciles, buenos, cariñosos, nobles, fieles, valientes y así podría seguir calificándolo con adjetivos siempre estupendos.

En una ocasión, en pleno invierno, cuando iba mi abuelo a caballo a una población a unos cincuenta kilómetros de aquí, lo hacía a diario para llevar el correo, le empezó a nevar en el trayecto, de tal manera, que se le perdió totalmente por donde tenía que seguir la ruta. Siempre a mitad de camino aproximadamente, paraba en una Posada para descansar, tanto el caballo como él y reponer fuerzas, tomando además alimento. Hacía tanto frió, y además sin tener ningún punto de referencia, es decir, todo a su alrededor completamente blanco, que perdió el conocimiento y se recostó en su caballo. Entonces ante esta situación tan tremenda, Lucero siguió caminando, consiguió llegar hasta la Posada, con sus patas tocó a la puerta y el posadero se encontró con el espectáculo de ver a vuestro tatarabuelo desvanecido y medio helado y al pobre caballo extenuado. Inmediatamente los cogieron y los llevaron a la cuadra ( lugar donde era la estancia de los animales ) allí había estiercol y en el lo envolvieron para que entrara en calor poco a poco, y después cambiarlo de ropa y acercarlo al fuego que en la chimenea ardía. Pensad que en aquel tiempo era el medio único que tenían para poder calentarse.

Como consecuencia aquel caballo se convirtió en el gran héroe, y toda la familia lo miraron siempre con el agradecimiento que se merecía, pues realmente le salvó la vida. Lucero parecía dar a entender que sabía la gran hazaña que había realizado.

Lobito, Macero, Bombita, eran también muy nombrados por sus cualidades extraordinarias, que les hacían ser muy queridos. Contaban que jamas les fallaron y eran especialmente nobles y cariñosos. Es también cierto que los cuidaban con verdadero esmero tanto en su limpieza, como en la manera de tratarlos. Tened en cuenta que el trabajo que tenían que realizar era muy duro por las distancias y también por la climatología que tenían que soportar, no solamente en invierno sino también en verano. Pero sus cuidadores, es decir, vuestro tatarabuelo y sus hijos sabían perfectamente como premiar su esfuerzo diario. Les gustaba que los acariciasen, sentirse tratados con cariño e incluso les daban premios en su alimentación. Por eso os he comentado que a veces solamente parecía que les faltaba hablar. También los animales se merecen ser bien tratados. Otro día os relataré alguna cosa más que me venga a la memoria.

1 comentario:

Anónimo dijo...

:) Bonito