domingo, 1 de febrero de 2015

Fiesta de San Antón

Con motivo del día de San Antón que fue el diecisiete de enero, mi hijo Pepe me sugirió que debía hacer una entrada sobre esta fiesta, explicando como se vivía esa festividad cuando los abuelos éramos niños, puesto que en nada se parece a la actualidad.
A San Antón siempre se le ha considerado en esta zona el patrón de  los alpargateros, aunque con seguridad no hayáis oído hablar de esta profesión puesto que ahora se denominan empresarios del calzado. En la época en que yo os voy a relatar lo que ocurría era habitual que la mayor parte de las personas utilizasen alpargatas, es decir, calzado elaborado con soga de cáñamo realizada a partir del trenzado del filamento del cáñamo (otro día os hablaré de como conseguir este filamento); la suela y la lona de la alpargata se cosían componiendo la parte superior de la alpargata. Era una verdadera obra de arte el proceso artesano que se utilizaba para fabricar este calzado. Pero como eso es otra historia, ahora me voy a centrar en relataros la celebración de esta fiesta. La víspera, es decir, el dieciséis de enero, se unían todos los del gremio de alpargateros para hacer una gran hoguera. Junto a ella y los alrededores se iniciaba la tirada de carretillas, que no son otra cosa que los cohetes sin la caña que los dirige, por eso su trayectoria, mientras arde la mecha y hasta su explosión, es loca e imprevisible; ni os podéis imaginar la cantidad que se tiraban. Era milagroso que no hubiesen heridos graves, aunque siempre se saldaba el encuentro con algunas quemaduras.
A mi padre le encantaban, disfrutaba con locura tirando las carretillas, hasta el punto de que en el portal de la casa donde vivíamos, en un espacio reducido de poco más de seis metros cuadrados entre la puerta de madera de la calle y una cancela de madera y cristal para entrar en casa, cerraba ambas puertas y con parte de su familia en ese espacio, encendía carretillas una tras otra; por cierto lo mejor era no moverse para que la carretilla no se fueran detrás de ti debido al aire que desplazabas al moverte.
En una ocasión, en la placeta de la puerta de la casa de la carretera de la que ya os hablé en otra entrada, estando una prima hermana mía con su novio en la mencionada placeta y el abuelo Eladio que llegó en ese momento y que también disfrutaba con las carretillas, se le ocurrió tirar una, con tan mala fortuna que se le enredó en un abrigo de pieles que llevaba mi prima y se le quedó fija. El abuelo lógicamente se asustó y consiguió que no le explotase en el costado. Mi prima, que también le gustaban y no les temía nada, no se movió ni un milímetro. El susto fue grande para todos los que lo vimos, de tal manera que el abuelo ya no quiso tirar nunca más carretillas.
El día de San Antón se hacía una procesión con el Santo, y cerrando dicha comitiva, entre otros, el presidente de gremio de alpargateros. El recorrido era por todo el barrio del convento de los carmelitas, que es donde se encuentra la imagen del Santo. Un año, a vuestro bisabuelo Paco y a un amigo suyo no se les ocurrió otra cosa que tirar ambos un paquete de carretillas dirigidos a uno que iba al lado del Santo, y que les temía mucho. Imaginad la escena, todo el mundo corriendo y dejando al pobre Santo sólo.
Toda esta forma de celebrar esta fiesta con el tiempo fue desapareciendo. En los años 80 mi hermano Pepe siendo conventual en el convento de aquí, trató de reavivar la fiesta. Se volvió a hacer la hoguera y a tirar carretillas. Recuerdo que me trajo sus pantalones para que se los lavase pensando que estaban llenos de manchas. Cuando los vi me quedé asombrada, porque lo que estaban eran quemados por todos lados.
En la actualidad, aunque en algunas pedanías todavía se conserva esa costumbre, todas estas tradiciones han desaparecido, solamente persiste la bendición de los animales de todo tipo y el reparto de tortas de San Antón. Eso si que sabéis lo que son porque cada año la abuela os las recoge, e igual  que me hacía mi madre por cada trocito que  nos comemos rezamos un Padre Nuestro.
La vida de este gran Santo es digna de leer, cuando seáis mayores tened la curiosidad de hacerlo, fue una persona admirable.

lunes, 26 de enero de 2015

La casa Nueva

En estos momentos me apetece compartir una serie de sentimientos que he revivido recientemente y que quiero conozcáis. Hace unos días he ido con el tito Juan al campo, concretamente teníamos que ir a una pedanía llamada "Los Royos". Cuando os hablé de vuestro tatarabuelo Felipe, ya os conté historias vividas en ese lugar. Todo el recorrido hasta llegar a nuestro destino ha estado plagado de recuerdos entrañables de nuestra niñez y la adolescencia. Poco a poco me he ido poniendo sensible al recordar la de veces que en esa etapa de mi vida había realizado ese viaje, y al contemplar casas totalmente en ruinas que yo tenía en mente en su máximo esplendor, mi emoción se ha desbordado, y cuando de camino hemos pasado por la casa de mis padres, "la casa nueva" se llamaba, y he entrado en ella, me he conmovido de verdad.
La casa nueva era el lugar donde pasábamos los veranos, desde junio hasta septiembre, durante todo el tiempo que duraba la recolección del trigo, cebada o centeno. Vuestro padre, Ignacio y Álvaro, de pequeño también ha pasado allí algunas temporadas en verano y lo recuerda perfectamente. Esa casa y los terrenos donde se situaba se vendieron hace ya algunos años. Por eso hacía mucho tiempo que no habíamos estado por este lugar. Hemos hecho una pequeña parada en la casa y no os podéis ni imaginar de que manera me han ido fluyendo los recuerdos de todos los días tan entrañables vividos en ese paraje. Me parecía ver a mi madre sentada en una mecedora, o yo en la era montada en el trillo cuando conseguía convencer a quien lo llevaba para que me diera alguna vuelta, o ver como se hacía la siega, o.... en fin, miles de recuerdos entrañables y hermosos. He visto el aljibe (especie de pozo donde se recogían las aguas pluviales), adonde íbamos a recoger el agua que necesitábamos para cocinar, lavarnos y beber, que en la actualidad está derruido; me parecía ver a la Muchacha con su cántaro yendo hacia allí, y tantos otros sentimientos imposible para mí de describir, aunque si de sentirlos desde lo más profundo de mi ser.
Alguna vez os he relatado que dando un paseo con mi madre por el monte cercano a la casa vi por primera y única vez un lagarto. Ya os podéis imaginar el gran susto que nos llevamos, pero  la verdad es que mi madre trató de tranquilizarme y lo consiguió muy bien, era una persona que transmitía serenidad, muy valiente y que también tenía mucha paz.
Seguiría recordando momentos vividos, pero solamente he pretendido daros unas pinceladas de una época de mi vida que fue muy entrañable. 

domingo, 18 de enero de 2015

Vuestro bisabuelo Paco

Creo recordar que hace tiempo en las primeras entradas de este blog os hable un poco de vuestros bisabuelos, incluso de los tatarabuelos. En esta ocasión, os voy a contar cual era el trabajo de mi padre, porque me parece interesante y a la vez curioso.
Además de ser agricultor, una de sus actividades más importantes que hacía era la destilación de esencias. Os voy a tratar de explicar por pasos como se hacían las esencias.
Mi padre destilaba principalmente espliego, romero y tomillo. La destilación consiste en separar por medio de vapor de agua los aceites esenciales que contienen las plantas. Son sustancias químicas con mucho aroma que sintetizan las plantas y tienen muchos usos en perfumes, alimentos, cosmética,...
En aquella época, los equipos que se utilizaban eran muy rudimentarios y debido a los lugares en que se encontraban esas plantas, tenían que ser trasladados a las distintas zonas donde estas crecían. Los equipos que se utilizaban eran una caldera cilíndrica de chapa de hierro, las más corrientes tenían unas dimensiones aproximadas de 1,50 metros de diámetro por 2 metros de alto. Tenían  una capacidad para admitir hasta unos 500 kg de ramas de vegetales, es decir, de espliego, romero, o tomillo. A la caldera, a unos 20 o 25 cm del fondo, se le colocaba una rejilla, y entre el fondo y dicha rejilla se alojaba el agua necesaria para producir el vapor correspondiente de cada destilación. Sobre la rejilla se colocan las ramas de las plantas, procurando que no tocaran el agua. Era necesario que no hubiese ningún hueco durante la carga, y para eso se subía un hombre en el interior de la caldera y la prensaba al máximo. A continuación, se cerraba herméticamente con una tapa y con una masa hecha de arcilla se colocaba en la junta para evitar cualquier escape de vapor.
En la parte superior de la caldera existe un orificio por donde se colocaba un tubo que conducirá los vapores de la esencia al serpentín refrigerante, que debe estar introducido en una acequia o riachuelo en donde el agua fría condensa los vapores que llegan desde la caldera. La caldera lógicamente está colocada en un fuego directo. Utilizaban como combustible las matas o restos vegetales una vez secos, procedentes de destilaciones anteriores. El tiempo que duraba una operación completa, por este sistema, era de unas tres horas, empleando hora y media en la destilación propiamente dicha y otro tanto en  la carga  y descarga manual de la caldera.
Mientras se cargaba la caldera  se avivaba el fuego para que al término de esta operación le faltara poco tiempo al agua para hervir.
Los vapores al ascender, atraviesan lógicamente toda la masa vegetal, arrastrando el aceite esencial que contiene. Esta mezcla de vapores se condensa al pasar por el serpentin, siendo vertida en un recipiente con embudo.
La mayoría de vosotros sois muy pequeños para entender lo que os he tratado de explicar, pero algún día si tenéis curiosidad podréis profundizar mucho más y mejor a lo que se dedicaba vuestro bisabuelo Paco. Se pasaba temporadas largas en Guadalajara, concretamente en los  pueblos de Cifuentes y Sigüenza, donde se cultivaban las plantas; pero no iba en época de vacaciones, si no en el tiempo de la recolección. También en nuestra zona trabajó muy duro para sacar adelante a todos nosotros, que como sabéis, éramos una familia bien numerosa.
Quizás os haya aburrido con este relato, pero me apetece que sepáis quienes eran vuestros antepasados para que valoréis el gran mérito que tenía su vida.
Aunque no viene a cuento, ¿os he dicho alguna vez que os queremos con locura?; pues una vez más os lo digo porque me gusta repetirlo.

domingo, 11 de enero de 2015

Reyes Magos 2015

  
Lo primero que me sale del corazón es ¡GRACIAS SEÑOR¡. Si, cariños míos, porque un año más hemos podido vivir un día verdaderamente mágico todos juntos y porque vuestros abuelos con los "jóvenes" que somos pudimos gozar al máximo con la misma ilusión que todos vosotros; son momentos que nos gustaría plasmaseis para siempre en vuestra memoria y sobre todo en vuestros corazones.
Las ilusiones, como todo en la vida, hay que alimentarlas y mimarlas con mucha dosis de amor. Estoy convencida de que es la mejor forma de que siempre permanezcan. También soy consciente de que los pajes se tienen que volver locos los días previos, somos muchos, pero también estamos seguros que una vez que ven los buenos resultados del trabajo terminado descansarán con mucha paz, y esa noche se irán a dormir cansados, pero con un brillo especial en sus ojos.
¡Qué gran aplauso le dimos a los Reyes¡, pero es que se lo merecían de verdad. Cada vez me sorprendo más de lo inteligentes que son. Hasta el pequeñajo de Javier aplaudía con todas sus ganas sin saber en realidad el por qué. Pero de lo que si era consciente es de que se trataba de una celebración divertida.
Después, en la comida, recordar que celebramos nada menos que tres cumpleaños: Paula, la tía Eva y para Javier su primer año. La tarta algo atípica pero buenísima, y en el roscón de reyes las tres velas con los años de los cumpleañeros. En fin, un día inolvidable.
En realidad todas las Navidades lo han sido. Nuestro Álvaro ha pasado una parte de ellas entre nosotros, y la verdad es que al presenciar como os lo  habéis pasado todos juntos a los abuelos nos habéis proporcionado la mejor de las medicinas; ha servido para olvidarnos de todo y disfrutar de veros felices y unidos. Crecéis muy deprisa, ya veis como Ignacio está tan alto que tiene que agacharse para que podamos darle un beso. Siempre me emociono cuando os hago alguna entrada y es porque por todos los poros de mi cuerpo brotan gotas de amor.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Verano 2014

  
Este verano la abuela ha sido muy perezosa y no os ha contado nada. Iniciamos el mes de julio con la llegada a Caravaca de Álvaro e Ignacio. El primero a un campamento de verano donde se  lo pasó estupendamente, e Ignacio se dedico a dar clases de padel o a ir al polideportivo con los primos o amigos, en definitiva quince días maravillosos. Después playa y el primer verano de Javier. Hay que reconocer que se ha portado muy bien, aunque la playa la ha pisado muy poco. Todos los demás sabéis que los días volaban y que ninguno tenía ganas de se acabase.
Los primeros días de agosto, el tío Pepe y la tía Eva con los primos se fueron a realizar el Camino de Santiago Inglés, por eso no habéis coincidido casi nada con ellos. Al regreso Álvaro vino un poco pachucho, todos pensamos que era sólo cansancio. Nos dio tiempo a realizar un torneo de ping-pong y tengo que dejar constancia que la campeona de 2014 ha sido la abuela. Como sabéis que no me gusta mentir os digo el truco para conseguirlo: convoqué al primo Álvaro en tres ocasiones a una hora concreta y como se retrasó, esos tres partidos los gané sin jugar siquiera, todo ello con la ayuda de su abuelo Maxi que era el arbitro.
La última quincena no ha sido buena. Al primo, como sabéis, le fueron aumentando las molestias hasta que lo ingresaron. A partir de ese momento todos hemos estado pendientes de él cada instante del día. De inmediato todos nos pusimos a rezar, mejor dicho, muchísima mas gente, hasta de Africa, y  gracias a Dios va mejorando mucho. Ayer vino a pasar la jornada con todos nosotros y le preparamos una pequeña sorpresa. Paula, Pablo, Juan y Ana dibujaron una pancarta de bienvenida, seguramente en ese momento no pudiste ni leerla, porque simultáneamente te lanzaban globos de todos los colores. Para que cuando seas mayor recuerdes lo que te pusieron lo voy a repetir; en letras muy grandes de distintos colores escribieron CAMPEÓN, GUAPO, TE QUEREMOS, los nombres de todos los primos, muchos dibujos, sobre todo corazones. Ni te imaginas con la ilusión que la prepararon. Los globos también los rotularon, pero tenemos que reconocer que no fue una buena idea, porque las manos se os pusieron muy sucias.
Como siempre, después de comer rezamos un Padre Nuestro en acción de gracias por la estupenda recuperación que está teniendo. Fue un día muy especial que todos vamos a recordar siempre, y sobre todo, lo que nunca olvidéis es cuantísimo nos queremos y lo bien que estamos juntos. ¡Ah¡ muy importante, no hubo una sola pelea.
También quiero que recuerdes, como el tito Juan y la tita Carmen prepararon un aperitivo especial en tu honor y el gran aplauso que todos te dimos al bajarte del coche.